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De los subsidios, los parafiscales y otros cuentos
Hay una economía real de la que poco se habla y menos ahora, a pocas semanas de las elecciones presidenciales, se trata de las políticas de subsidios y la parafiscalidad
Cuanto más rico es un país, más subsidios transfiere a sus ciudadanos. Se trata de ayudas asistenciales o económicas que los gobiernos entregan a los hogares o a las empresas. La idea u objetivo principal es apoyar financieramente para cubrir gastos básicos, mejorar la calidad de vida o estimular la producción de bienes y servicios en los distintos sectores económicos. Es clave entender que esas ayudas salen del dinero de los impuestos o de los dividendos de las empresas estatales y que los beneficiarios no devuelven esos recursos públicos.
La teoría sobre las políticas asistencialistas es amplia y, a la vez, polémica; mientras que sobre la parafiscalidad poco se habla y resulta invisible para los ojos corrientes. Se trata de contribuciones obligatorias que los empleadores pagan sobre la nómina, primordialmente hoy con foco en las cajas de compensación: dinero público que se destina a satisfacer necesidades como vivienda, educación o entretenimiento. Pero hay otros parafiscales administrados por gremios de la producción agropecuaria que funcionan de manera distinta, aunque en esencia son lo mismo: por cada kilo, litro u otra medida vendida en el mercado.

Los últimos tres presidentes han tenido que ver con estos impuestos dirigidos al fomento agropecuario, que buscan fortalecer todas las actividades relacionadas con la seguridad alimentaria y las exportaciones nacionales, además del ejercicio intrínseco de desarrollar cada uno de los cultivos o de las actividades pecuarias que se benefician. Hay parafiscales para cafeteros, arroceros, cacaoteros, caucheros, cerealeros, hortofrutícolas, leguminosas, palmeros, paneleros, algodoneros, tabacaleros, paperos, ganaderos, avicultores y porcícolas, todas actividades estratégicas del sector que están al vaivén de los mercados internacionales.
Vale la pena resaltar que, en los últimos tres años, el sector agropecuario ha tirado de la economía, con crecimientos de hasta dos dígitos. Dicta la Federación Nacional de Cafeteros que el Fondo Nacional del Café fue el primer fondo parafiscal y sigue siendo ejemplo del modelo. “Es una cuenta integrada por recursos con destinación específica al fortalecimiento del sector cafetero, cuya administración ha sido confiada históricamente a la Federación, en el marco de un esquema de descentralización por colaboración reconocido por el legislador. Cada 10 años se prorroga el contrato de administración”.
Pocas cosas en Colombia funcionan tan bien como el sector cafetero, que ha sabido mutar de década en década y es un ejemplo de internacionalización, regionalización e identidad nacional. Según la Contraloría Delegada para el Sector Agropecuario, la Federación ha sido la única entidad que, a partir del uso correcto de la parafiscalidad, ha creado un activo intangible de la magnitud de la marca Café de Colombia, generadora de ingresos por regalías, las cuales ha recibido por el uso de la marca Juan Valdez y que ascienden a $324.000 millones.
En la próxima administración -que llevará las riendas del país hasta 2030- habrá varias discusiones disruptivas que deben darse para hacer saltar al desarrollo al país. Una de ellas tiene que ver con la revisión a fondo de los subsidios que funcionan y de los parafiscales de las cajas o de los gremios que han demostrado sentido y éxito en el tiempo. Un PIB de casi US$550.000 millones debería dar para eliminar la pobreza y sacar a 15 millones de colombianos de esa condición, pero los recursos deben ser mucho más focalizados.
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