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EDITORIAL Su nombre lo dice "planeación nacional"
martes, 27 de julio de 2021

Para los seguidores de los asuntos económicos el Departamento Nacional de Planeación es un ministerio más, pero para los técnicos debe ser la entidad que planee la Colombia del futuro

LR

La premisa es que el Departamento Nacional de Planeación es una entidad que se ha ido desdibujando en los últimos años y que de ser una oficina dorsal para pintar el futuro del país, se ha difuminado como si fuese un apéndice del Ministerio de Hacienda.

A mediados de febrero de 2019, cuando el Gobierno Nacional llevaba al Congreso de la República su Plan Nacional de Desarrollo titulado “Pacto por Colombia, pacto por la equidad”, una docena de ex directores de la emblemática institución, creada en 1958, rasgaron sus vestiduras por las reformas que se tenían en mente; la idea era quitarle funciones y unificar el manejo del presupuesto en Hacienda.

Pero esa es otra historia y un debate pendiente, lo importante ahora, que se vienen vientos de cambio, es que el DNP recupere la esencia de su nombre y sus funciones constitucionales de planear y ayudar a soñar un país sin precariedades, con menos pobreza, entre otras muchas necesidades y se dedique menos a atender políticos regionales que ven en ese Departamento una fuente de soluciones a sus problemas.

La Constitución del 91 configuró un tridente con el Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y el Banco de la República, para que fueran los pilares del buen diseño de la política económica colombiana, pero con el paso de los años el DNP sufrió una suerte de “efecto siamés” con Hacienda y fue perdiendo su capacidad de planear, de pensar el país de los próximos, 10, 20, 30 o 50 años. Temas estructurales de largo plazo como la redefinición de los estratos socieconómicos; los sistemas de movilidad de las ciudades; las vocaciones regionales de cara a las exportaciones; el nuevo mapa geográfico y político; el papel de los océanos en la economía; las nuevas ciudades y aglomeraciones; la informalidad, las mujeres, el agro, entre otras muchas temáticas que no se volvieron a tocar a fondo en una entidad que tiene más de 1.100 empleados y un presupuesto de más de $2,2 billones. Incluso, el papel de Planeación en los últimos gobiernos se ha limitado a hacer el plan de desarrollo, brillar durante el comienzo del Gobierno y a esfumarse el resto del periodo al lado de la cartera de Hacienda.

El país debe emprender grandes debates sobre su futuro y es en Planeación Nacional en donde deben armarse los documentos técnicos para abordarlos: ¿qué pasa con los mares en Colombia? ¿Vale la pena ser un país con provincias u autonomías? ¿Qué ciudades deben tener metro elevado o subterráneo? ¿Es viable el sistema pensional? ¿por qué no funcionan los impuestos regionales? ¿Qué pasa con la competitividad? ¿Qué le falta al país para ser un jugador en la cuenca del Pacífico? ¿Se necesitan más puertos? ¿Qué municipios o departamentos no son viables? Todas esas preguntas interesantes, que suenan chocantes, deben ser respondidas por una entidad que fue creada para ello.

El problema de este Gobierno (no es una equivocación) fue que todo se concentró en atender la pandemia y lo más sonoro que pudo hacer el DNP fue la devolución del IVA y entregar la nueva fase del Sisben. Queda un año que no es mucho tiempo, pero sí se puede reflexionar de cara a las próximas elecciones sobre las instituciones económicas que están hechas para construir el futuro y hacer posible el bienestar de nuevas generaciones.

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