lunes, 3 de octubre de 2016
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La ecuación  a partir del pasado domingo es simple: sin unidad política no hay reforma tributaria, y sin ella, se subirá el riesgo país.

 

El escenario económico para el país no es el mejor como consecuencia de los resultados del plebiscito del pasado domingo. Una de los coletazos directos es el inevitable resquebrajamiento de la unidad nacional, esa tenaza de política partidista que garantiza las reformas legislativas que se traducen en políticas públicas.

La reforma tributaria estructural se debe radicar en el Congreso la próxima semana, en medio de un ambiente muy caldeado y con los liderazgos ministeriales amenazados, desmotivados y sin norte, dado el nivel de envalentonamiento de congresistas con aspiraciones personales en el mediano plazo, situación que irá aumentando con el paso de los días de cara al momento preelectoral que está por llegar. Consecuencia de esto será que la reforma tributaria no tenga en este momento mucha oportunidad de ser estructural, sino un retazo más en el sistema tributario, acostumbrado a acudir al bolsillo de los colombianos para arreglar las cuentas inmediatas del gobierno central. Después de lo ocurrido el pasado 2 de octubre, no hay mucho ambiente para subir el IVA un par de puntos; tampoco modernizar el tratamiento tributario de las entidades sin ánimo de lucro; ni mucho menos arreglar la tributación territorial, y fortalecer la administración de impuestos. Son imperativos recomendados con urgencia por la banca multilateral y por la OCDE para poder avanzar en la lucha contra la desigualdad social que impera en Colombia.

El gran problema se viene cuando el Gobierno Nacional no logre aprobar en el Congreso una verdadera reforma tributaria estructural y se transe políticamente por “reformita” tipo placebo, de las que se hacen cada 23 meses. Eso sería la perdición para la calificación de riesgo que tiene una tendencia a la baja luego de las consecuencias de la caída internacional de los precios del petróleo. El punto es que debe haber una reforma tributaria seria, con o sin acuerdos en La Habana; así el país entre en otra Patria Boba o se siga desangrando en un conflicto interno sin sentido. Las dos situaciones no estaban unidas, así coexistan en el tiempo, pues las afugias fiscales tiene que ver más con la caída en los ingresos y lo otro era una buena intención de invertir en esas regiones abandonadas por la mano del Gobierno.

El país sigue presentando elevados índices de pobreza y es incapaz de proveer bienes públicos que garanticen mejorar la calidad de vida en las zonas más desprotegidas, y sea la oportunidad para seguir resaltado que tenemos uno de los mayores índices de desigualdad en la distribución del ingreso en el mundo, una situación que es el caldo de cultivo para generar más narcotráfico, grupos guerrilleros, bandas criminales, delincuencia común y todos esos flagelos que no hemos sido capaces de erradicar del país. Ahora en solitario, si no hay unidad política, no habrá reforma tributaria y se caerá el grado de inversión.

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