miércoles, 3 de junio de 2020

El regreso a la normalidad aparente es inevitable y las distintas ciudades empiezan a abrir, pero agazapadas también vienen muchas deudas aplazadas que hay que empezar a pagar

EditorialLR

Esta semana Colombia ya superó las 30.000 personas contagiadas por el covid-19 y llegará al millar de víctimas del mortal virus, un balance que es muy bueno si se compara con países de la misma población y fase de desarrollo económico; en términos generales bien se podría decir que el país la sacó barata, pues todas las apuestas eran bastante apocalípticas y nadie daba un peso por la capacidad de los gobiernos nacionales, regionales y locales para enfrentar la pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud en los primeros días de marzo. No solo hay más de una veintena de eventuales vacunas en fase experimental en distintos países, sino que el virus ha demostrado en Italia y España que ha ido perdiendo capacidad de propagación y daño; no obstante la cuarentena y la gran sensibilización mundial en torno al problema le ha quitado su velocidad de propagación, capacidad de daño y ha logrado que la humanidad en pleno lo ha enfrentado con armas inventadas hace un par de siglos: el distanciamiento social, el lavado constante de las manos, la asepsia en los lugares públicos, el alejamiento individual de aglomeraciones, el temor a las multitudes y un control absoluto del contacto con superficies portadoras. Después de casi 90 días, el mundo vuelve poco a poco a la normalidad, solo hay que evitar un rebrote como consecuencia de la apertura de los comercios y la activación de los servicios de transporte masivo. Sin discusión, ahora la pelota está en campo de las personas quienes deben evitar contagiarse, pues se sabe de sobra la capacidad de daño del virus y se cuenta con las armas para evitarlo. Así las cosas no hay más razones que empezar a preocuparse por las situaciones pendientes o aplazadas como los pagos atrasados de impuestos, servicios, cuotas hipotecarias, arrendamientos, colegios y demás obligaciones cotidianas que fueron extendidas en el tiempo. Y ciertamente se viene una cascada de obligaciones que pagar, como el predial, la valorización y todos esas acreencias que no se tuvieron en cuenta durante los últimos tres meses.

La disciplina social debe ser la clave en la lucha que sigue contra el covid-19 y será lo que realmente le permitirá al país retomar vida productiva, no obstante, una cosa es el cuidado sanitario y otra muy distinta son las deudas que siempre tendrán que pagarse para no interrumpir el ciclo económico y evitar traumatismo en las finanzas personales. Desde ya hay que hacer planeación financiera, pues en agosto próximo se van a juntar varias obligaciones como los impuestos locales, la declaración de renta y reactivación de las cuotas hipotecarias, tal como se había aceptado durante la cuarentena; situación que obliga a las personas a echarle mano a los ahorros y a los alivios recibidos para ponerse al día. En la esfera empresarial, las cosas son más complicadas porque más allá de los impuestos por pagar, se deben reactivar los negocios y el pago de nómina sin ayuda del Gobierno Nacional, un realidad que se veía muy lejana hace tres meses. Colombia cerró su actividad temprano y será de los últimos en reactivarse oficialmente, lo que le ha permitido ganarle -por ahora la batalla al covid- pero tendrá que empezar a ponerse al día en su economía, que dicho sea de paso ha sido la menos afectada en términos de crecimiento, pero muy golpeada por el desempleo, dada su alta informalidad.

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