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EDITORIAL

Reflexiones del dólar caro y el consumidor

lunes, 23 de marzo de 2015
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Llega la Semana Santa con un dólar por las nubes, hay que saber gastar en dólares para evitar problemas futuros

La economía es un asunto que interesa a la gente por sus implicaciones en la vida diaria, así los economistas y entendidos del tema, generalmente dotados de un leguaje sofisticado y exclusivo hagan sentir a los mortales como ignorantes o desinformados. En ese orden, el movimiento de temas como tasas de interés, precios del petróleo, acciones y cotización del dólar, afectan los presupuestos no solo de gobiernos y empresas grandes y pequeñas, sino al de las familias, profesionales y sin distingo de clase, impacta a los consumidores.

Independiente de las explicaciones profundas y tediosas sobre las razones por las cuales el peso colombiano se ha devaluado más de 25% en los últimos meses y por lo menos 10% en los últimos 90 días, no se puede ignorar, pues la sorpresa será grande cuando los ciudadanos del común se den cuenta que su ingreso en pesos les alcanza cada día menos para comprar los bienes básicos, en el entendido que muchos de ellos son importados y hay que pagarlos más caros.

El asunto es fácil de entender si se presenta en forma sencilla y clara. Por ejemplo, si usted y su familia va a tomar vacaciones en el exterior durante la Semana Santa, tendrá que adquirir tiquetes y pagar hoteles en dólares. Ese monto en moneda extranjera hay que liquidarlo ya a no a $1.900 de hace unos meses, sino a más de $2.500, lo cual significa un alza por efecto de la devaluación acelerada de nuestra moneda. Sin duda que ello golpea su capacidad de compra. Pero no es solo eso. Un padre de familia que ha enviado a su hijo al exterior a educarse para que pueda competir mejor en este mundo global, deberá destinar una mayor cantidad de pesos para adquirir la misma cantidad de dólares que su muchacho gasta afuera. Y lo más cruel, no es que el hijo tenga una mayor capacidad de gasto, en tanto que aquí su padre si pierde poder adquisitivo.

Pero no todo es malo. Los colombianos que un día decidieron viajar a buscar mejor suerte en otro país, durante varios años sufrieron el impacto de la revaluación cuando enviaban giros a su familia en el país, mientras que ahora con la misma cantidad de dólares benefician más a los receptores de esas remesas. Como los anteriores, hay muchos ejemplos en cualquiera de los sentidos y que para la gente de carne y hueso debe tomarse con prudencia y calma y no dejarse llevar por los impulsos, como creer que el precio del dólar va a seguir subiendo y que resulta una gran inversión comprar en este momento. 

Nadie lo sabe con certeza y en esos términos, el riesgo puede ser muy alto si se toman decisiones emotivas. Los economistas estudian estos asuntos con seriedad, pero el sentido común también es muy importante. Y en ese orden de ideas, hay que seguir las reglas básicas, dentro de las cuales hay una que merece recordar: prudencia, para no lamentarse.

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