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EDITORIAL

Rasgarse las vestiduras contra los acuerdos

lunes, 16 de mayo de 2016
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No hay que desconocer que en La Habana algo se ha logrado, y que sobre esos avances, la sociedad debe construir una paz con justicia pero con futuro

Hay que decirlo hasta la saciedad: Colombia es un país santanderista en donde hay leyes y normas para todo (al menos en el papel), incluso para lo más natural como es alcanzar un anhelado acuerdo de paz con grupos guerrilleros que han desangrado al país durante los últimos 60 años. Empecemos por decir que desde el comienzo de los diálogos de paz con las Farc en La Habana, respaldamos esa iniciativa del gobierno Santos como el comienzo de un nuevo momento histórico al que denominamos posconflicto, un tiempo en el que se construya paz sin impunidad; en los que el país político, económico y social debe aprender a desarrollarse y crecer sin el espectro amenazante de la narcoguerrilla organizada y armada que siempre ha determinado el rumbo de todos los frentes de acción social.

Cuando la situación colombiana se analiza con ojos externos, nadie comprende cómo existe aún un puñado de nacionales que se oponen a cualquier cosa alcanzada en La Habana, añorando los años viejos en donde las tomas guerrilleras, las pescas milagrosas, los secuestros y los asesinatos de policías y soldados, era siempre noticia de primera plana. Nadie puede negar o desconocer las cifras de cómo se ha ido desescalando el conflicto interno, especialmente en los municipios donde el teatro de la guerra era pan de cada día. Por eso insistimos en que no es lo mismo la paz idealizada desde los centros urbanos, los poderes públicos y empresariales, versus la paz básica y real de las poblaciones siempre sometidas por los grupos armados. Caquetá, Huila, Cauca, Tolima o Meta son departamentos que no han tenido momentos sin el accionar de los guerrilleros y paramilitares, y son esas regiones las que más claman un cese definitivo de hostilidades para empezar a desarrollar proyectos productivos de beneficio comunitario.

El llamado que hacemos a los políticos huérfanos de discurso social y económico que ven en los acuerdos su piedra angular para mantenerse vigentes en cargos públicos, es a construir sobre lo avanzado. No todo lo acordado en La Habana puede ser tan malo. Empecemos por el evidente desescalamiento de los ataques contra los militares y la población civil. No podemos llegar a la contienda electoral de 2018 nuevamente con una guerrilla organizada que nos imponga el presidente de turno, tal como ha sucedido desde hace unos cuatro o cinco períodos presidenciales. Es mejor tener una guerrilla negociando una paz duradera en mesas de opiniones diversas, que miles de guerrilleros dispuestos a atacar a los militares y a la población civil, desangrando el erario público con grandes presupuestos destinados a la contención de sus actos terroristas.

No hay que rasgarse las vestiduras en contra de los avances de paz, hay que construir sobre los acuerdos alcanzados.

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