jueves, 3 de octubre de 2013
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La necesaria venta de Isagen y la ampliación del 4x1000 son alertas de que algo no anda bien en las cuentas del Gobierno

Nadie puede desconocer que al Ministerio de Hacienda le están saliendo las cosas justo con la media perfecta a la luz de las últimas cifras de los principales indicadores económicos: inflación anualizada de 2,3%; desempleo de 9,3%; tasa representativa del mercado por encima de los $1.900; crecimiento económico del último trimestre de 4,2%; barril de petróleo por encima de los US$100 y meta de recaudo tributario en un 90%. Pero otra cosa dicen las acciones ejecutivas del ministro Cárdenas que no van en la misma vía de los resultados. Es un imperativo y una decisión tomada la venta de 57% que tiene el Estado en Isagen, pero también se decidió que el impuesto a las transacciones financieras conocido como 4x1000 y que debería convertirse en 2x1000 en enero, se extienda por un año para garantizar más de tres billones de pesos al presupuesto nacional.

Estamos totalmente de acuerdo con la venta de la participación del Estado en una empresa mixta de generación eléctrica que ocupa el tercer lugar en su negocio y que necesita de millonarias capitalizaciones por parte de sus socios para poder crecer más. En pocas palabras y contrario a lo que muchos políticos afirman no es una inversión estratégica, tal como lo han advertido los dos últimos gobiernos centrales que han pretendido vender a Isagen. Pero frente a la extensión en el tiempo del impuesto a las transacciones financieras si hay mucha tela que cortar. Todos los colombianos, incluyendo los mismos banqueros, son contrarios a este impuesto que no solo grava las operaciones sino que condena a muchos empleados informales de bajos recursos a que se mantengan a la sombra del sistema financiero. Está demostrado que el 4x1000 es uno de los factores que más desinsentiva la bancarización.

Y justamente cuando ya se veía la luz al final del túnel con la muerte de este tributo, se le ocurre a las autoridades económicas que debe seguir viviendo, y siempre habrá un argumento para que siga gozando de buena salud por muchos años, pues es un tributo de muy fácil recaudo. Con la venta de Isagen para financiar infraestructura más la extensión en el tiempo del impuesto a las transacciones, el único mensaje claro que está enviando el ministro Cárdenas es que algo no anda bien en sus cuentas nacionales. Está demostrado que el problema no está en la mala estructuración de la pasada reforma tributaria, pues el recaudo va bien como lo advertimos. Creemos, como muchos técnicos, analistas y comentaristas de lo económico, que debe haber una situación anómala poco difundida y que el Ejecutivo tiene que salir a taparla con unos $10 billones que pretende recoger mediante las dos acciones. Lo peor de la situación es que las protestas de los productores nos tocó que pagarlas a todos los cuentahabientes.

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