viernes, 3 de abril de 2020

No hay que sentarse a esperar que encuentren la vacuna contra el Covid-19, desde ahora hay que prepararse para aprender a controlar un virus que estará mucho tiempo entre nosotros

EditorialLR


A Colombia no le sirve “aplanar la curva” del número de contagiados, el deber como país es erradicar el Covid-19 del mapa, eso sólo se consigue cuando la curva esté “aplastada” mediante un plan macro a mediano plazo que logre transformar los ecosistemas del virus, pasarlos de endémicos a esporádicos, lograr su ausencia clínica y posteriormente evitar la circulación del virus. Es una estrategia de choque o de guerra contra un enemigo que ya deja más de 1.000 contagiados en Colombia, un millón en el mundo y ha sembrado tristeza y desolación en países como España, Italia o Ecuador.

Podemos comenzar a revitalizar la economía sin poner vidas adicionales en riesgo, una suerte de regreso a la normalidad, pero con otras regulaciones y nuevas normas. El médico y PhD, Harvey Fineberg, escribe en el editorial de “The New England Journal of Medicine” que, si activamos seis pasos para movilizar y organizar a la nación, podemos vencer al Covid-19 a principios de junio. La primera sentencia tiene que ver con “establecer un comando unificado” presidido por un hombre de confianza del Gobierno que sirva de alfiler de unión entre las agencias y que tenga un interlocutor en todas las gobernaciones. En el segundo punto recomienda “poner a disposición millones de pruebas de diagnóstico”. Se necesitan hacer millones de pruebas en las próximas dos semanas, pues cada decisión sobre el manejo de casos depende de una buena evaluación médica; se deben organizar sitios de pruebas clínicas exclusivos en cada comunidad, separados de otros centros de atención. El tercer consejo de Fineberg es “equipar a trabajadores de salud y hospitales para atender aumentos repentinos de enfermos”. No se puede librar una guerra con malos equipos y sin lugares bien dotados para atender una situación inédita como es pelear contra un enemigo invisible, pero muy letal.

El quinto punto es “diferenciar a la población en cinco grupos”: primero necesitamos saber quién está infectado; segundo, quién se supone que está infectado; tercero, quién ha sido expuesto; cuarto, quién no se sabe que haya estado expuesto o infectado, y quinto, quién se ha recuperado de una infección y es inmune. Hay que actuar sobre la base de síntomas, exámenes, pruebas y exposiciones para identificar quiénes pertenecen a cada uno de los primeros cuatro grupos. En quinto lugar, hay que “inspirar y movilizar al público”. Hay que desatar el ingenio para crear nuevos tratamientos y una vacuna; usar el poder de la tecnología de la información, redes sociales, inteligencia artificial e informática de alta velocidad para idear soluciones novedosas. Todos pueden ayudar a reducir el riesgo de exponer y apoyar a sus amigos y vecinos en este momento crítico. Y el sexto punto de Fineberg plantea que hay que “aprender en tiempo real mientras se hace la investigación principal”. Los médicos necesitan mejores predictores de las condiciones del paciente, decisiones que enriquecerán la salud pública y así el reinicio de la economía. Ahora es importante saber cuántas personas que han sido infectadas son inmunes. Hay que aprender rápidamente sobre las posibles exposiciones en los lugares de trabajo y saber responder qué tan peligrosos son los espacios contaminados y las superficies para poco a poco ir retomando una normalidad, pero anormal, pues será bien distinta.

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