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EDITORIAL No negociar la tributaria por puestos y contratos
jueves, 28 de abril de 2016
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Mala salida la de los voceros del Partido Liberal que quieren sacarle provecho a la necesidad fiscal de una nueva reforma tributaria 

 

Pocas veces en la historia económica del país, por no decir que ninguna, un proyecto de ley de reforma tributaria ha sido tan socializado como el que se debe presentar urgentemente el próximo 20 de julio. Es cierto que aún no se conoce el articulado a discutir, en cambio sí sabemos las recomendaciones de la Comisión de Expertos, tenemos los apuntes técnicos del Banco Interamericano de Desarrollo, y todas las reclamaciones que en este sentido han hecho las instituciones de investigación y pensamiento económico locales, como Anif y Fedesarrollo. También el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Ocde, han opinado al respecto sobre el imperativo que es encontrar nuevas alternativas de ingresos para un Estado, que no solo cedió sus ingresos por exportación de materias primas, sino que debe hacer más inversión social en tiempos del posconflicto.

El director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, la nueva ministra de Industria, Comercio y Turismo, María Claudia Lacouture y el ministro de Minas, Germán Arce, deben conformar un equipo de muy altas calidades políticas y técnicas para ‘patinar’ el articulado de la nueva reforma tributaria, de tal manera que salga lo más técnica posible de sus debates en la Cámara de Representantes y el Senado. La exposición de motivos está más que elaborada; los ponentes plenamente identificados, pues son pocos los congresistas que manejan bien el tema tributario, y los objetivos a conseguir son evidentes. Pero el problema profundo de trámite expedito está en la actitud del Partido Liberal, el Partido Verde y el Polo Democrático, que seguramente atenazarán la iniciativa gubernamental para hacer populismo con propuestas inoportunas.

Llama la atención especialmente voces de senadores, como el liberal Horacio Serpa, que antepone las cuotas burocráticas en los ministerios e institutos para apoyar una reforma tributaria que es de carácter urgente. Ojalá el país político, ese que depende de los ministerios y el Congreso, no caiga en populismos y amaños en una iniciativa que es un imperativo económico. Se habla de que debe ser una reforma tributaria estructural que simplifique el abultado Código Tributario, pero que también reduzca las exenciones y ponga a tributar a eternos beneficiados como son las fundaciones. No obstante, la gran batalla se dará en la propuesta de aumentar el IVA que claramente debe pasar del actual 16% a un 19%. Pero es en este punto en donde saltarán todos los populistas y que de ganar el debate siempre terminarán pagando la mayoría de los impuestos los mismos de siempre, la clase media y los empleados formales.

El nuevo gabinete tiene una tarea enorme con la reforma tributaria estructural y la primera batalla que debe ganar es no dejar manosear las propuestas ya fundamentadas por la Comisión de Expertos.

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