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EDITORIAL No es azar que el mayor problema sea en el Pacífico
martes, 11 de mayo de 2021

Unos $12 de cada $100 que produce Colombia salen del Valle y del Cauca, y si se suma Nariño, todo el sur occidente puede aportar $14, suena poco, pero se trata del futuro del Pacífico

LR

La economía del suroccidente colombiano es privilegiada, no solo porque cuenta con el único puerto sobre el Pacífico, Buenaventura, sino también por la conexión terrestre con la economía dolarizada de Ecuador. El epicentro productivo de esa rica región es el valle geográfico del río Cauca compartido por tres departamentos. El Valle del Cauca en solitario es casi 10% del PIB nacional, peso que soporta en dos destinos a sus exportaciones comerciales, Estados Unidos y Ecuador en su orden, pero en algunos renglones es más importante el vecino país que el mercado del norte. A la luz de los últimos datos del Dane, el Valle aporta 9,8% del PIB, Cauca 1,7% y Nariño 1,5%, las tres economías están interconectadas por la carretera Panamericana y unidas por la inmensidad del Océano Pacífico en tres poblaciones: Buenaventura, Guapi y Tumaco, municipios con un vínculo cultura y geográfico.

A pocos kilómetros del olvidado Pacífico colombiano -dicho sea de paso, solo tiene dos carreteras que lo unen con el interior- se encuentran vastas zonas de montaña en donde por décadas han florecido guerrillas por tres razones básicas: abandono estatal, pobreza y narcotráfico. Pero es Cali en donde confluyen todos los problemas del suroccidente, no solo por su ubicación geográfica, sino por el dinamismo de su economía, por su cultura desprendida de regionalismos y porque atrae a inmigrantes de todos los países y de los demás departamentos; condiciones que han convertido a la Capital del suroccidente colombiano en el corazón de todas las cadenas productivas y objeto del plan de desestabilización del país entero. Por Buenaventura sale la mitad del café que se exporta a los mercados asiáticos y al oeste de Estados Unidos. Grano que completa 10 días de atraso en los contratos con importadores de grandes multinacionales, situación que pone en jaque la credibilidad de los productores locales.

Desde los años 60 las guerrillas encontraron en el Cauca la Sierra Maestra de su plan y lo convirtieron en un departamento problema al que nadie le prestaba atención, excepto las ideas de izquierda, los indigenistas y por supuesto los narcos. Ahora ese plan de colapsar la economía colombiana, de “liberar” el suroccidente y controlar el grueso del comercio internacional del país, ha tocado las goteras de la tercera ciudad en población y aporte al PIB, para seguir desestabilizando una economía muy frágil que no encuentra el camino de la reactivación. No hay nada desarticulado en lo que está sucediendo en esa región y durará mucho tiempo en asimilarse, no solo desde el conflicto social que ahora toca las puertas de una comunidad incrédula y de algunos líderes acostumbrados a hablar de la importancia del Pacífico, pero desde foros en Miami, Cartagena o Bogotá. La realidad del Cauca ha tocado las puertas del Valle, que sí pesa en la economía, un hecho que obliga a los gobernantes y elegidos de turno a definir una hoja de ruta para solucionar problemas crónicos, ancestrales de manera concertada, dialogando, en paz, pero con la fortaleza de unas instituciones sólidas, creíbles, que deben trascender alcaldes, gobernadores, congresistas o presidentes, de turno.

El retiro de la reforma tributaria y la renuncia del ministro de la economía, no era una cosa muy distinta a un Florero de Llorente que tiene mucho fondo y que lleva cuajándose décadas.

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