viernes, 5 de julio de 2019

La Dian ha informado que el cobro de impuestos va por encima de lo estimado, una buena noticia tras la cual hay un puñado de empresarios pagando más de 70% del recaudo

EditorialLR

En el primer semestre del año, la Dian ha recaudado $82 billones, una cifra que no sólo se convierte en un récord, sino que hace prever que este año la meta de contribuciones al fisco nacional puede tocar los $160 billones, cifras nunca antes vistas y que refleja los avances que ha tenido la estructura tributaria local, que no solo ha mejorado en los últimos años, sino que ha ampliado la base de personas naturales y jurídicas que pagan tributos. Pero tras esa loable situación que es una sumatoria de muchas circunstancias que vienen de años atrás, como la formalización empresarial creciente, la digitalización de muchos procesos y la conciencia de que hay que pagar impuestos para poder exigir inversiones en infraestructura, mejor salud y educación, están los empresarios que pagan $8 de cada $10 de impuestos, y cuando se miran esas cifras desde la óptica de solo grandes contribuyentes, el número puede subir a $9. En pocas palabras son los empresarios quienes están sosteniendo todo el aparato burocrático del Estado y son quienes a través de los impuestos cancelados oportunamente, los que hacen inversión social.

Es una realidad que alegra, al mismo tiempo que preocupa. Alegra porque en Colombia gana terreno la formalización y la apuesta por el país, y preocupa, porque es débil el sistema al reposar solo en unos 3.000 grandes contribuyentes que son atacados por distintos frentes sociales. En Colombia ha hecho escuela ver al empresario como una simple chequera o un cajero siempre disponible y con saldo, al cual se le exprime con altas cargas tributarias, hace parte de la cultura, al mismo tiempo que crece en ciertos sectores de la sociedad la animadversión hacia el sector privado, percepción que se fuerza desde las ideas populistas de izquierda que aún rechazan el mundo corporativo, la generación de riqueza, el desarrollo de bienestar y la generación de empleo privado. Y lo peor es que nadie hace nada por reivindicar el papel del sector privado y casi es un deporte nacional tratar de exprimir a los empresarios, con impuestos y socavando su imagen de verdaderos constructores de país económico y social.

Los empresarios son más que fundamentales para la economía; el sector privado -empresarios e inversionistas- cuenta con un potencial idóneo para sacar a muchos más colombianos de la pobreza, pero si tiene un marco de seguridad jurídica y acompañamiento en términos de orden público por parte del Gobierno, que debe ser quien brinde todas las condiciones para hacer empresa. Son muy pocos los espacios con los que cuentan los empresarios para difundir y sensibilizar sobre su importante rol en la sociedad colombiana. Al pago de impuestos y la generación de empleo se suma la responsabilidad social y el valor compartido que desarrollan por simple altruismo y bien común. Hay que celebrar que las metas de recaudo, de crecimiento económico, de confianza inversionista o de crecimiento de las inversiones se estén dando o cumpliendo, pero al mismo tiempo se debe destacar el papel de los protagonistas, pues sin los empresarios nada de eso es posible. No es sino mirar lo que pasó en Venezuela, Cuba, Nicaragua y demás países en crisis: no existe un sector privado fuerte que construya sociedad. Colombia para construir futuro debe apoyar más al empresario y el Gobierno construir las condiciones para que la generación de riqueza se dé con suficiencia.

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