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EDITORIAL Llegó la hora de repensar la Vicepresidencia
lunes, 24 de febrero de 2014
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La democracia se la jugó por esta figura en un país que sigue siendo presidencialista Y en donde no se admiten disensos.

Desde que se promulgó la Constitución del 91, que creó la figura de la Vicepresidencia de Colombia, el cargo se ha prestado para todo tipo de interpretaciones, expectativas y exigencias, y casi siempre, ha estado fuera del lugar, como un mueble que no pega con el inmobiliario que el Presidente en ejercicio tiene en su cabeza para gobernar durante sus cuatro años, ahora con posibilidad de extenderse a ocho desde que entró la reelección.

Los nombres de Fabio Villegas (vicepresidente transicional al sancionarse la Constitución de 1991) en tiempos de César Gaviria; Humberto de La Calle, quien renunció al cargo durante el gobierno de Ernesto Samper; Carlos Lemos Simmonds que terminó el periodo acompañando a Samper; Gustavo Bell, compañero de fórmula de Andrés Pastrana quien ejerció también durante el mismo gobierno como Ministro de Defensa; Francisco Santos quien fue el primer vicepresidente reelecto después de su primer periodo en las dos administraciones de Álvaro Uribe, y ahora en tiempos de Juan Manuel Santos, Angelino Garzón, son los vices de la historia reciente de un país que no ha asimilado la naturaleza del cargo. Inoficioso para algunos y útil para otros.

El tema se puso de moda con la designación por parte del Presidente Santos de Germán Vargas Lleras como su fórmula para gobernar entre 2014 y 2018. Y bien complicada es la designación, pues el mismo gobierno ha dado muestras de que no le gusta la figura del vicepresidente y que puede presentarse un proyecto de ley para modificar esa elección. Tiene razón, pues las funciones del vice son más que anodinas. Le corresponde según atribución constitucional: reemplazar al Presidente en sus faltas temporales o absolutas, aún en el caso de que éstas se presenten antes de su posesión, pero con el ‘veneno’ que el Presidente de la República podrá confiarle misiones o encargos especiales y designarlo en cualquier cargo de la rama ejecutiva. Como va a suceder ahora con Garzón quien se va para Brasil como embajador.

Pero nadie entiende por ejemplo, por qué el Vicepresidente no puede asumir funciones de Ministro Delegatario. Entre tanto, la figura se ha vuelto incómoda en muchos casos; ocurrió entre Francisico Santos y Uribe, y ha sucedido en varios episodios con Garzón quien se ha enfrentado a los ministros del gabinete enviando mensajes de poca colaboración y sindéresis con el Gobierno. No hay tiempo para eliminar la figura, como tampoco hay claridad sobre la justificación de motivos que llevó a su creación por los constituyentes del 91.

El problema no está en las personas, claramente el lío está en sus funciones.

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