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EDITORIAL Les llegó el momento a las grandes obras
lunes, 8 de febrero de 2021

Los gobiernos no deben esperar a la nueva normalidad para comenzar las grandes obras sobre las que recae gran parte de la reactivación que se espera para este año

Editorial

El tiempo corre y avanza el segundo mes del año en medio de la esperanza de que los planes de vacunación nacional y mundial le cambien la cara al rumbo de la economía. Es un hecho que hay países líderes como Israel, Nueva Zelanda, Corea del Sur o Taiwán, solo por nombrar algunos que avanzan a marchas forzadas en vacunar más de la mitad de sus poblaciones, mientras en otros mercados emergentes como el nuestro, las cosas van a su ritmo, pero van andando.

Esta sensación de que todo empieza a cambiar está generalizada si se miran los índices de operación diaria de las bolsas de valores globales desde el pasado mes de noviembre. Igualmente, se pueden revisar los precios de las materias primas y evidenciar que hay nuevamente demanda de energéticos y minerales. Más aún: los viejos, Brics, brillan por sus proyecciones de crecimiento para 2021, dato que entusiasma pues son los grandes compradores de las exportaciones de la región. Pero en Colombia sigue asentada una nube gris de pesimismo que peligrosamente le puede opacar la vista a los mandatarios quienes pueden sentarse a esperar la vacuna para reiniciar sus labores en otros frentes que no tengan que ver con el coronavirus, ese monotema que se les consumió una buena parte de sus administraciones y gestiones, que los rotulará como los alcaldes o gobernadores de los tiempos del covid.

Hay que empezar a trabajar desde ya en las grandes obras, esas que necesitan mano de obra, que consumen materiales, que impactan las regiones y son la herencia fehaciente de los mandatarios. El mismo Gobierno Nacional, alcaldes y gobernadores deben desempolvar sus acertados planes de desarrollo y ejecutarlos en el tiempo que les queda porque sus gobernados necesitan a ver resultados mucho más allá que el buen manejo de la pandemia, las cuarentenas, toques de queda, picos y cédulas y demás acciones para evitar que la tragedia del covid fuera mayor. Hay que entrar en modo reactivación y no hay otra manera de hacerlo que arrancar con la infraestructura atrasada y con obras que le garanticen a sus comunidades un avance en calidad de vida.

El covid pasará -ya empezó a pasar- de cara a los últimos datos, la protección se mantendrá y solo quedará en el recuerdo de las personas qué hicieron los mandatarios y las obras que dejaron. Al Gobierno le queda hasta el 7 de agosto de 2022 para entregar o dejar sobre rieles grandes obras de transformación; a los mandatarios locales un poco más para entregar sus gestiones en diciembre de 2023, pero todo tienen la dictadura del tiempo sobre sus gestiones. Los cálculos políticos los acosan a que deben mostrar más resultados y muy distintos al manejo de la pandemia, pero desde el frente de la economía se les exige que pongan a andar la contratación estatal, de tal manera que se reactive el sector de la construcción y el país pueda crecer más para lograr disminuir el desempleo. Puede sonar a un consejo de perogrullo decirles a los mandatarios que apuren las obras del plan de desarrollo para reactivar la economía; otros dirán que primero hay que vacunar a todos y luego forzar la economía; en cambio, estamos convencidos que las dos cosas se pueden hacer en simultánea y se deben trabajar en varios frentes ahora que la percepción empieza a cambiar y se puede observar una luz al final del túnel.

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