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EDITORIAL

Las primaveras que se cocinan en el vecindario

jueves, 13 de febrero de 2014
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Enarbolar la bandera del socialismo del siglo XXI le ha costado a los gobiernos de Argentina y Venezuela.

La temperatura económica y social en Argentina y Venezuela es inversamente proporcional al valor de sus monedas en los mercados financieros. En pocas palabras, mientras el estallido social toca la puerta de las plazas de Caracas y Buenos Aires, el precio del peso argentino y el bolívar cae dramáticamente frente a otras divisas internacionales, ocasionando situaciones muy malas para cualquier economía emergente: la disparada de precios de los productos importados en la canasta familiar; el desabastecimiento en los supermercados; la pérdida de valor de los bonos soberanos, y lo que es más grave, el inconformismo ciudadano por las políticas públicas aplicadas durante los últimos años.

Hay quienes opinan que los discursos neonacionalistas, populistas y hasta los llamados socialistas del siglo XXI, que han vociferado los últimos gobernantes de Argentina y Venezuela, tienen algo de cierto en una de las regiones más desiguales del mundo; otros creemos a ojo cerrado que el modelo económico desarrollado durante la última década por el kirchnerismo y el chavismo ha sido un total fracaso para el continente y sus propios países. Todo comienza por enfrentar el orden económico imperante por estos días, y creer que en las expropiaciones de grandes empresas y en la entrega de subsidios a dos manos estaba la solución para mantenerse en el poder. 

Tanto Caracas como Buenos Aires han aplicado políticas públicas de países del primer mundo (léase asistir en lo económico a los más necesitados y subsidiar la incapacidad empresarial local), sin trabajar en la educación ni buscar constituir una red empresarial competitiva que incentivará la producción local en desmedro de lo importado. Situación que se agrava al manejar muy mal las herramientas monetarias en los bancos centrales. Las protestas de ayer y de hoy en Caracas son solo el principio de la frustración de un país, que a pesar de que ‘nada’ en pozos de petróleo, no cuenta con un abastecimiento apropiado para una población que tiene un ingreso per cápita que es superior al colombiano (lo mismo sucede con Argentina).

Si el chavismo, con su presidente Maduro, quiere sostenerse en el poder, deberá hacer grandes rediseños en sus políticas públicas y emprender de nuevo un verdadero programa de sustitución de importaciones. Mientras tanto, las cosas en Argentina no mejoran y tienden a empeorar. “La parábola de Argentina: lo que otros países pueden aprender de un siglo de debacle”, así titulará la revista The Economist la portada de su próximo número, que se publica desde hoy en todo el mundo. Un artículo que va más allá del diagnóstico social y detalla que el gran problema es el extremo individualismo del argentino.

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