sábado, 19 de octubre de 2013
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No solo asegurando los bienes al cién por ciento se vacuna contra las fallas éticas del mercado constructor 

Un apartamento o una casa es un bien perdurable que debe estar amparado con los seguros pertinentes. La anterior puede ser la primera gran lección que deja el caso del Conjunto Residencial Space ocurrido en Medellín en donde varias torres de una construcción nueva se cayeron o deben ser tumbadas para rehacerlas. Pero más allá de recomendarle a los compradores de viviendas que se fijen en las pólizas de los seguros que toman para sus bienes inmuebles, está la profunda reflexión sobre el limbo que existe en quién vigila y garantiza que las construcciones de vivienda se estén haciendo con los máximos estándares para que viva una familia con todas las garantías.

Hay muchas preguntas que no han sido resueltas y que las entidades de control y vigilancia deben levantar. La primera tiene que ver con los responsables de que un edificio se haya caído dejando muerte, inseguridad y desolación. Es en este primer punto, las autoridades nacionales, regionales y locales deben dictar jurisprudencia para que no vuelva a ocurrir una catástrofe como esta que puedo ser mayor. La segunda pregunta es la que ronda a los gremios de la construcción que deben hacer un mea culpa sobre el insuceso y comprometerse con códigos de ética aplicable para todos sus proyectos. La tercera pregunta implica las relaciones peligrosas entre curadores y constructores. Si bien el curador es una figura que funciona bien en algunos casos, sí debe haber una instancia en donde se vigilen sus actuaciones y sus negocios en el sector.

El cuarto tema que surge como interrogante es hasta dónde a las personas que compraron esos inmuebles estrato económico 6, se les pudo haber asaltado en su buena fe, pues los materiales de la construcción empleados en la obra, a primera vista, no representan el costo que los usuarios pagaron por ellas. No eran apartamentos de US$30.000 o US$50.000 dólares, eran inmuebles costosos que nos hacen pensar en la temida realidad de la ‘burbuja de precios’ que puede estar viviendo el sector de la construcción en algunas zonas residenciales de las diferentes capitales. No existe una autoridad -más allá de la ética- que revise si el costo de los bienes inmuebles es real u obedece a prácticas especulativas. El costo de los materiales de construcción es alto y eso lo paga quien compra un apartamento o una casa a ojo cerrado, solo confiando en que lo que compra vale cada ladrillo, pero Space nos demostró que hay mucho cabo suelto.

Las lecciones que nos deja el caso de Medellín son muchas, que poco a poco iremos asimilando. Por ahora debemos concentrarnos en asegurar lo que nos cuesta, en pedir revisiones técnicas y exigirles a las autoridades que nos protejan de la voracidad de un mercado que exprime siempre al consumidor.

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