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EDITORIAL

Las lecciones de Escocia y Cataluña

domingo, 14 de septiembre de 2014
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Colombia debe profundizar la descentralización y entender que es un país de regiones con derecho al desarrollo autónomo. 

Hay una noticia europea que no puede pasar desapercibida en Colombia en estos tiempos de reformas políticas que se suman a los aires de posconflicto en los que es obligado pensar en las regiones. Se trata de la multitudinaria reclamación de un referéndum independentista que tuvo lugar recientemente en Cataluña, España, y la consulta que se celebrará en Escocia esta semana para determinar su independencia de Gran Bretaña. Son fenómenos nacionalistas muy distintos en términos históricos, culturales, económicos y políticos, pero de amplias repercusiones en países en desarrollo como el nuestro.

Colombia es un país de regiones, de mercados muy consolidados bastante distintos. El país Caribe, con epicentro en Barranquilla, cuenta con dinámicas muy distintas a las del antioqueño con centro neurálgico en su capital Medellín. Lo mismo puede decirse de Cali, no solo como capital del Pacífico, sino como núcleo económico del suroccidente colombiano. Pereira, la gran capital del eje cafetero y Bucaramanga en los santanderes, son también ejemplos de ciudades regiones que van a jugar un gran papel el futuro. No podemos dejar de citar el papel de la Capital de la República que con sus casi 10 millones de habitantes y su centralismo crónico es una región tan determinante para América Latina, como para el resto de Colombia.

Escocia pide a gritos su autonomía suprema desde hace siglos, pero la mitad de su población aún no ve un futuro en solitario por fuera de Gran Bretaña. Temas como la moneda, la Unión Europea y la dependencia en los mercados hacen que la separación aún esté muy biche. Lo de Cataluña en España es igual, pues la región autónoma todavía no es autosuficiente y la población española sigue siendo una parte importante para sus decisiones. Tanto Escocia como Cataluña han vivido durante muchos años entre federaciones, regiones autonómicas o ‘casi países’ individuales, pero con eje central en Londres y Madrid, toda una historia de necesidades compartidas que no se han roto. Pero eso no quiere decir que el reto de los gobiernos ingleses y españoles no sea diseñar modelos de profundización autonómica que evite estas distorsiones nacionalistas que se vienen en la agenda política europea.

En Colombia la Constitución del 91 enfatizó en la descentralización, una ruta innovadora, pero que se ha ido perdiendo con el paso de los años, al punto que iniciativas como el Voto Caribe pueden tomar nuevos aires en la medida que la amplia región gane mayor protagonismo económico. Insistimos en que los nuevos aires que soplan al ritmo del fin del conflicto interno, traigan también un nuevo papel para las regiones y por qué no un rediseño del mapa político que le dé mayor importancia a las regiones. Por ahora no hay ‘cataluñas ni escocias’, pero eso no será siempre.

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