sábado, 30 de marzo de 2019

Por segunda vez en el año, los datos de desempleo no son buenos y encienden las alarmas

EditorialLR

La última semana de marzo cierra con dos malas noticias para la economía. La primera de ellas tiene que ver con la flexibilización de la regla fiscal por razones del éxodo de venezolanos que ha tenido (y tendrá) que soportar el país económico. El Comité Consultivo de la Regla Fiscal aconsejó ampliar el margen de déficit fiscal, cuya meta para este año era de 2,4%, cifra que se extenderá hasta 2,7%. La decisión busca mitigar los efectos de la migración, que según la banca multilateral tendrá un costo de 0,5% del Producto Interno Bruto anual, unos $5 billones. Y es una noticia desafortunada, pero entendible, en el sentido que esa relajación tendrá efectos negativos, no solo en las metas, sino en las revisiones de las calificaciones de riesgo país.

La segunda mala noticia con la que cierra el primer trimestre económico del año es que el desempleo volvió a crecer por segunda vez en el año. En pocas palabras, en 2019 no se han dado buenos datos en materia de generación de empleo, muy a pesar de que la explicación técnica también tenga que ver con el rebusque de trabajo de venezolanos en Colombia.

La tasa de desempleo en febrero fue de 11,8%, un punto porcentual superior a la observada en febrero de 2018. El desempleo urbano, que se mide en las principales 13 ciudades del país, llegó a 12,4%, mientras que para la misma fecha del año pasado era de 11,9%. El número de colombianos sin trabajo ya asciende a 2,9 millones, cifra que durante los tres primeros meses del año ha crecido notablemente. Sólo en febrero, 299.000 personas perdieron su trabajo. De esos 2,9 millones de personas sin trabajo, 2,8% hace 12 meses vivían en Venezuela. El otro lado de la información del Dane, reza que la población ocupada asciende a 22,7 millones de personas y destacó que unas 231.000 han encontrado labores, es decir, que la tasa de reemplazo está activada. Una hipótesis válida es que la economía está generando nuevos empleos, pero no los suficientes para satisfacer la nueva demanda engrosada por venezolanos. La hipótesis se comprueba porque en 2018 solo se reportó el ingreso de 11.000 personas, mientras que en 2017 el reporte fue de 32.000 ciudadanos.

La ciudad con menor desempleo sigue siendo Barranquilla, con 7,8%; y la de mayor desempleo Quibdó, con 20,3%. Es curioso el dato de Barranquilla de cara a la hipótesis de los venezolanos buscando trabajo, pues la primera ciudad a la que llegaron los inmigrantes del país vecino fue la capital del Atlántico, hecho que hubiese crecido el número de desempleados, pero eso no lo muestran las cifras. El caso de la capital de Chocó sí sigue siendo lamentable, pues desde hace ya una década ningún ministro ha podido “romperle el espinazo” al desempleo en la región más pobre de Colombia.

Es un hecho que los ministerios de Industria, Trabajo y Hacienda deben mirar con detenimiento lo que está pasando con la cifra de desempleados, más aún si la Ley de Financiamiento del año pasado estaba enfocada en reducirle impuestos a las empresas para que éstas generaran nuevos empleos formales. La otra situación que deben mirar con atención es el caso venezolano, dado que no sólo hizo mover la regla fiscal con las consecuencias ya expuestas, sino que son el “chivo expiatorio” de la indiscutible disparada del desempleo en 2019.