viernes, 7 de junio de 2019

Un inédito momento atraviesa la estadística oficial luego de los reparos de entidades como el Emisor a los datos que anuncia y luego revisa el Dane, un detalle que puede ser nocivo.

EditorialLR

Los técnicos llaman “discrepancia estadística” a no coincidir en las cifras que resultan de trabajos de campo en similares condiciones. Eso está sucediendo con las constantes revisiones a los datos fundamentales que está haciendo permanentemente el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, una tendencia que le empieza a preocupar a los responsables de homologar los números oficiales de entidades como Planeación Nacional y el Banco de la República. El nuevo problema es un secreto a voces que aún no ha sido denunciado por ninguna entidad perjudicada ni tampoco por consumidores de las cifras oficiales como la Ocde, la banca multilateral y los departamentos de investigaciones del sector privado o universidades. No habla bien del país que la entidad responsable de entregar cifras creíbles sobre el rumbo económico, y con las cuales se confeccionan hojas de ruta sectoriales y se diseñan políticas públicas, haya entrado en una fase de reconversión en la que el pasado no existe o puede ser reinventado.

Una decisión peligrosa si se tiene en cuenta el riesgo de que alguna alta corte o un tribunal pudiere castigar situaciones como llegare a ser un errado cálculo del costo de vida. Para subsanar esos eventuales no probados errores o discrepancias estadísticas, se abre paso la idea de centralizar las investigaciones estadísticas del país, incluso las que tienen que ver con el banco central, camino que decapitaría los contrapesos científicos y dejaría en manos del Ejecutivo los datos fundamentales. Para nadie es un secreto que en estos momentos hay tres o cuatro fuentes de información estadística independientes y de calidad como pueden llegar a ser el Dane, el Emisor, Planeación o en algunas ocasiones Hacienda. Pensar en que la recolección y entrega de las cifras de carácter oficial sea centralizada no es viable por el simple hecho de que eliminar los contrapesos estadísticos es perder la garantía de que un dato sea consensuado. Antes existía una mesa técnica en la cual se compartían los datos preliminares y salía “humo blanco”, esa instancia se ha borrado recientemente y ahora hay desincronización de datos relevantes para el mercado y para el mismo Gobierno Nacional.

Desde el 14 de octubre de 1953 cuando fue fundado el Dane, el país político y económico le ha confiado a esa entidad la producción de la información estadística económica, social, demográfica y cartográfica, herramientas que son fundamentales para diseñar y planear políticas de inversión y desarrollo. Si esta misión falla o se desconfía se abre un gran agujero en la credibilidad del país. De acuerdo con la Constitución, el Dane cumple con dos funciones: generar las estadísticas oficiales sobre temas económicos y sociales; y facilitar el usufructo de las estadísticas. Lo que no es otra cosa que garantizar la calidad y la imparcialidad de la información. Cualidades que debe tener un dato oficial; no se puede seguir imaginando que hace dos, cuatro, ocho o 10 años el dato de inflación, crecimiento del PIB o número de colombianos esté errado. No se puede seguir sembrando un manto de duda sobre los censos y los números existentes sobre cuentas nacionales como los índices de precios, los indicadores demográficos y el índice de Precios al Consumidor o al Productor. Es un tema que no se puede dejar crecer.

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