jueves, 2 de julio de 2020

Es macondiano el asunto en que se han empeñado algunos gobernantes, como si en los ventiladores esté la solución a la pandemia que está poniendo en jaque a la economía mundial

EditorialLR

Ojalá nadie llegue a necesitar un ventilador ni mucho menos tener que internarse en un hospital o clínica por causas del coronavirus. Ojalá todos los gobernantes locales y regionales hayan logrado aperar sus instalaciones médicas para ir atendiendo a los miles de contagiados en cada pueblo y ciudad.

Para eso era el tiempo de cuarentena, para prepararse, protegerse y sobre todo sensibilizarse o concientizarse de la letalidad del covid-19 que hoy llega a más de 10 millones de contagios en todo el mundo y ya sobrepasa el medio millón de víctimas. Pero los gobernantes tienen la capacidad de convertir cualquier oportunidad en un momento político y sin el menor sonrojo desviar las cosas al punto de que la gente no sabe qué es urgente y qué es importante.

Las clínicas, los hospitales, las UCI, los ventiladores, los tapabocas, todos son urgentes en días de pandemia; lo que sí es inaudito es ver y escuchar a los funcionarios de libre nombramiento y libre remoción, y los elegidos en las urnas, sacarse chispas echándose la culpa unos a otros por la compra de unos ventiladores, como si en estos instrumentos médicos residiera la vacuna contra el virus. Es una disputa macondiana que habla muy bien de las crónicas rencillas políticas que no dejan avanzar al país económico y social.

Es un imperativo que el Gobierno Nacional unifique la adquisición de todo el instrumental médico de urgencia para atender la pandemia, al tiempo que las gobernaciones, alcaldías y distritos, que puedan hacerlo, lo hagan por su cuenta; pero asistir a un “tira y afloje” mezquino por unos ventiladores no habla bien de las verdaderas intenciones de los funcionarios de turno; que dicho sea de paso, no han desperdiciado la oportunidad que les ha dado el coronavirus para arremeter los unos contra los otros siempre con el ojo político. Es un momento de grandeza que debe unir al país en una convocatoria nacional para salir de este duro trance, no solo por la evidente destrucción de la economía, sino por los más de 3.000 muertos y los casi 100.000 contagiados.

Hay que dejar la anécdota de los ventiladores atrás, pasar la página y concentrarse en la generación de empleos formales que reactiven el consumo y pongan a andar la infraestructura industrial y manufacturera, pero para ello se necesita liderazgo social capaz de unir no de dividir a la gente. El país económico y social debe ponerse en pie de producción y consumo para que el sector privado pueda echar a andar sus planes de expansión y de exportación.

En esta nueva etapa que debe comenzar cuanto antes debe estar signada por el compromiso de los alcaldes en brindar las condiciones para que sus ciudades vuelvan a ser vibrantes. Bogotá y sus alrededores son casi 30% del PIB colombiano, por tanto es preciso que es en la Capital en donde se encienden los motores del verdadero regreso a la normalidad y esto debe empezar ya. Sumados Cali, Barranquilla y Medellín pueden alcanzar otro 30% de aporte al PIB; con estos cuatro polos de desarrollo metropolitano andando, Colombia puede volver a coger el ritmo con el que venía hasta hace solo unos meses.

No se puede dejar subir más el desempleo ni mucho menos que la informalidad desplace el pago de los impuestos para que el Estado pueda derramar sus ayudas. Hay que concentrarse en los retos más importantes y no prestarle atención a los ventiladores.