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EDITORIAL

La mala hora de las grandes carboneras

jueves, 7 de febrero de 2013
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Huelga en Cerrejón, sanciones a Drummond, y bajo precio internacional, son un trago amargo para el sector

Huelga en Cerrejón, sanciones a Drummond, y bajo precio internacional, son un trago amargo para el sector

Lo que le sucede al carbón colombiano por estos días no es un asunto menor. A la incertidumbre por el eventual cese de actividades en El Cerrejón; a las sanciones a la multinacional Drummond por arrojar toneladas de carbón al mar y los bajos precios que el mineral está registrando en los mercados internacionales, se suma ahora una oleada de ataques en las redes sociales y medios de comunicación formales en contra de la actividad carbonífera, a la que consideran dañina para el en medio ambiente e injusta con las comunidades que se ven afectadas con la extracción del recurso.

Nada más lejos está la realidad de esas afirmaciones, a pesar de que exista el registro documentado del daño que se hace al mar o a las poblaciones circunvecinas de las minas. Empecemos por hablar un poco de El Cerrejón, que no solo es un ejemplo mundial de manejo ambiental y de recuperación de las áreas explotadas, sino que representa más del 60% del Producto Interno Bruto del Departamento de La Guajira. Esa multinacional ha generado durante varias décadas desarrollo y bienestar a muchas poblaciones otrora empobrecidas. Los trabajadores de esa compañía tienen muchos beneficios que los ranquean entre los mejores pagados del país con salarios mínimos cercanos a los dos millones de pesos y amplias atenciones educativas, de salud y recreación. Que exista una diferencia entre las reivindicaciones los trabajadores sindicalizados y los accionistas de la empresa son normales en una discusión de pliegos laborales, lo que no hay que perder de vista es que es una empresa y una actividad económica vital para el futuro.
Con Drummond sucede una penosa situación que no se compara con El Cerrejón, pero que son temas de un mismo sector. Fue desafortunado que los operarios y la alta gerencia de la empresa no informaran a las autoridades sobre el suceso que los llevó a botar carbón al mar generando una contaminación ambiental sin precedentes. Ya las autoridades de vigilancia y control han tomado las medidas necesarias y deben obligar a la empresa a terminar el muelle de cargue directo para evitar situaciones futuras. Tal como lo han hecho otras multinacionales en situaciones similares, deben reconocer su error y enmendarlo.
Y el tercer punto de la ‘oscura situación carbonera’ tiene que ver con los malos precios internacionales del mineral. Una tonelada está costando sólo US$73, una cifra muy baja para toda clase de reivindicaciones sociales y proyectos de desarrollo en que se hayan metidas esas empresas. Esa, como todas las extracciones mineras, viven al tenor de los mercados internacionales y la competencia global. Ojalá los voceros de esas compañías sean exitosos en comunicar estas situaciones para que la opinión pública no se ensañe con hechos mediáticos que empañan la realidad.

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