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La Ocde pone en la picota al Departamento de Planeación Nacional y advierte sobre la necesidad de rediseñarlo.
El consenso es general acerca de la evolución favorable de los indicadores de la economía en el corto plazo, como lo acaba de asegurar el Fondo Monetario Internacional. La realidad es que el país se ha acomodado a un modelo de manejo de la coyuntura con resultados satisfactorios, en el que se involucran instituciones como el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda que tienen que ver con la evolución de temas como la estabilidad de la moneda, las tasas de interés y de cambio y los agregados presupuestales y fiscales.
Quisiéramos decir que un esquema similar funciona para el diseño y desarrollo de la política de mediano y largo plazo, pero no es así y cada vez es más evidente que el país abandona la visión de futuro que debe guiar las acciones de Estado y que tienen que ver con los cambios estructurales que toda sociedad necesita. Lo ha hecho caer en cuenta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos a la cual Colombia está en proceso para hacer parte en el futuro, al advertir que la planeación debe ser uno de los objetivos en temas como la infraestructura y la logística si quiere ganar en productividad y competitividad de manera que se coloque en un importante nivel de la escala mundial.
En efecto, el Departamento Nacional de Planeación, entidad creada a finales de los años 50, que alcanzó una gran jerarquía hasta mediados de los años 90 y fue puesta de ejemplo afuera, parece haberse quedado sin esa concepción del desarrollo y sin los instrumentos para lograr el cometido, más allá de expedir cada cuatro años un listado de proyectos que poco son un verdadero plan de desarrollo. Ciertamente, la capacidad de un organismo como DPN depende en buena parte de la línea que del Ejecutivo, pero también de su capacidad para ganarse un espacio en la formulación y diseño de la política que luego deben ejecutar las entidades.
Son muchas las reformas que el país requiere en las cuales resulta nula la participación de Planeación. Por ejemplo, los cambios obvios que requiere el país en temas como salud, educación, agricultura, innovación y tecnología deberían tener una orientación de un ente alejado de los quehaceres diarios y que tuvieran una visión que trascendiera la coyuntura. La academia y distintos grupos sociales se preguntan qué está pasando con la otrora entidad rectora en las funciones de orientación de futuro que era fundamental en el debate. Desafortunadamente la respuesta no aparece.
Qué gran servicio le prestarían al país los candidatos si hablaran de este y otros temas, en el entendido que la solución a los grandes problemas del país trascienden el carácter mediático de la contienda electoral y el organismo rector es determinante del diseño de las políticas de gobierno.
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