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EDITORIAL

La crisis que enfrenta Venezuela es inimaginable

sábado, 21 de mayo de 2016
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No puede ser más triste y caótico el panorama económico y social del vecino país, cuya salida no está sino en sus propios ciudadanos y gobernantes.

Las cifras sobre la realidad económica de Venezuela son dramáticas y a diario se conocen hechos que demuestran más el agravamiento de la situación antes que una salida a los problemas y lo que se vive ahora es un deterioro abismal en la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos que hace unos años nadie imaginaba posible.

Más allá de la idea fantasiosa, que pregona el presidente Maduro y que no resiste un análisis mínimo, de que todo es producto de una guerra económica promovida desde afuera por organizaciones de derecha, nadie puede desconocer ya que el modelo que promovió el presidente Chávez desde que llegó al poder en 1999 ha demostrado su total incapacidad para alcanzar bienestar, fin último de cualquier esquema de gobierno, no importa su ideología.

En los económico, los resultados son mediocres. No hay evaluación objetiva o subjetiva que no compruebe una pérdida de confianza y lo que es más grave, de esperanza, de vivir en un país en recesión en los últimos tres años, el cierre de firmas por escasez de materias primas, la inflación más alta del mundo y una moneda depreciada que distorsiona las demás variables. El desempleo y la pobreza han crecido recientemente y se han perdido los logros en áreas como educación, salud y vivienda que se alcanzaron a comienzos del siglo. La agudización creciente y sin solución de estos problemas genera impacto en la situación de la gente que incluye un ambiente de confrontación y zozobra que termina por producir una descomposición de los valores sociales básicos que se expresan ya en una de las más altas tasas de homicidios del mundo, la proliferación de la corrupción y la aparición de mafias de narcotráfico y contrabando.

En los últimos 100  días se reportan más de 8.500 cortes de energía y en una salida desesperada el gobierno ha limitado al máximo el trabajo de las dependencias públicas y racionado el suministro a hogares, centros comerciales, hoteles y colegios. Si esto fuera poco, se agrega la escasez de agua potable y cuando se tiene acceso a ella llega sucia y con mal olor. Hay comunidades que han logrado construir un pozo del que pueden sacar agua de la profundidad de la tierra pero las colas para acceder son cada vez más largas. Otra demostración del fracaso de la política del gobierno en construir la infraestructura de servicios públicos, así se tenga la disculpa de la grave sequía que enfrenta el país.

La Encuesta de Condiciones de Vida hecha por universidades del país dice que para 87% de los venezolanos su ingreso es insuficiente para comprar alimentos debido a la hiperinflación, pero además la escasez de medicinas agrava el problema de salud, al punto que según el ministerio de Salud, en 2015 subió 31% la mortalidad en hospitales. No puede ser más triste y caótico el panorama del vecino país, cuya salida no está sino en sus propios ciudadanos pero que cada día se hace, desafortunadamente, más lejano el camino tranquilo y democrático.

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