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EDITORIAL

La bipolaridad del papel del gas en la transición

sábado, 8 de octubre de 2022

El Gobierno no puede arremeter en contra de las nuevas exploraciones y explotaciones de gas y al mismo tiempo darle un papel clave o protagónico en la transición energética

Editorial

La matriz energética de Colombia, es decir las fuentes de energía de donde obtiene los combustibles necesarios para hacer funcionar las empresas y familias, es una de las más limpias de la región y una de las más sanas en todo el mundo. Pero el nuevo Gobierno Nacional ha cogido el tema como caballo de batalla desde tiempos de la campaña presidencial y ha sido insistente en descarbonizar las industrias, reducir la huella de carbono y acelerar el imperativo global de crecer las energías renovables.

Todo un rosario de buenas intenciones que se estrellan con la realidad de las necesidades energéticas domésticas. Aún en el país hay casi dos millones de familias que usan leña para cocinar sus alimentos, sin que el Estado les provea electricidad o gas natural para su consumo. El verdadero reto debería ser sacar a casi 21 millones de colombianos de la pobreza. Todos coinciden que la transición energética es una necesidad para que las empresas disminuyan su emisión de gases de efecto invernadero, una tarea que le costaría al PIB una contracción anual de entre 0,23% y 0,27%, según un estudio reciente de Fedesarrollo, que concluye que en el caso de que 30% o 40% de toda la inversión nueva del sector productivo se gastara en capital fijo (máquinas, edificios, etc.) que tenga emisiones de gases de efecto invernadero menores, el PIB disminuiría 0,27%, en el caso de que la inversión sea 30% y 0,23% en el escenario de una inversión de 40%. Según el documento, “el PIB para 2030 sería US$438.400 millones, diferente a los US$448.800 millones que se habrían presentado con un factor de eficacia de 100% en toda la formación bruta de capital fija en la próxima década y un crecimiento esperado de 2,7% del PIB por habitante.

Solo en el caso del desmantelamiento de la generación a gas por una energía descarbonizada, le costaría $3,13 billones en caso de querer hacerlo para 2030. Esto, no solamente es difícil de asumir fiscalmente, sino que tendría un impacto mínimo a nivel global, pues Colombia no es responsable de una emisión considerable en el concierto internacional”. Cuando se habla de transición energética se refiere a pasar de una actividad económica basada en combustibles fósiles, a una regida por las energías limpias como el sol, el viento y el agua, la bisagra o puente de una fase a la otra es el gas natural, que si bien es un combustible ligado a tareas extractivas tradicionales, es mucho más efectivo, barato y menos sucio que el carbón y el petróleo, satanizados por las ideas ambientalistas que hoy satanizan todo la actividad minero energética.

El Gobierno Nacional tiene dos situaciones, una más problemática que la otra, mientras sienta el mandato de que durante los próximos cuatro años no habrá exploración ni explotación de gas, por el otro, le da gran relevancia al gas en la transición; y es más, no descarta que el renovado comercio con Venezuela esté cargado de gas para el consumo local. No es coherente, es bipolar acelerar la transición energética vetando las nuevas exploraciones y explotaciones de gas, pero abrirle paso a la eventual compra de este combustible de Venezuela; más contradictorio aún, darle un papel estelar en la transición energética. ¿Es o no es importante el gas para la economía colombiana? ¿Pueden no hacer más inversiones en el sector? ¿Qué pasa si la producción local no es suficiente para la transición? ¿Comprar en Venezuela?

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