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Hay que repensar los fundamentales
EDITORIAL

Hay que repensar los fundamentales

martes, 21 de abril de 2026

Hay que repensar los fundamentales

Foto: Gráfico LR

Según la más reciente Encuesta de Calidad de Vida, a 2025, en Colombia viven más de 53,3 millones de personas distribuidas en 19 millones de hogares, datos clave para repensar el país

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Las cuentas al interior de una familia varían de acuerdo con el número de miembros y sus necesidades básicas insatisfechas. Dos, tres o cinco integrantes de un núcleo tienen consumos distintos; sus metas de desarrollo y sus presupuestos varían con base en el conocimiento detallado de sus costumbres, pues esa es, más o menos, la tarea que tienen los diseñadores de políticas públicas.

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Gráfico LR

El Dane siempre será la fuente inagotable de datos y cifras para que los técnicos basen sus ideas y propuestas para desarrollar el país. La Colombia de 2026 -en plena época electoral, que elegirá al Presidente que llevará al país hasta 2030- es bien distinta a la de antes de la pandemia de 2020. Así lo demuestran los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Calidad de Vida, con corte a 2025, la cual reveló que en Colombia viven más de 53,3 millones de personas, distribuidas en cerca de 19 millones de hogares. Esto equivale a un promedio de 2,82 personas por hogar.

Mucho ha cambiado. El porcentaje de hogares biparentales, conformados por padre y madre, con o sin hijos, hoy es de 51,3%, un nivel ligeramente inferior al registrado en 2024. Le siguen los hogares monoparentales, constituidos por padre o madre con hijos, con 24,3%, la misma proporción del año anterior; los unipersonales, con 20,2%, levemente por encima de 2024; y, por último, otros tipos de hogar, que representaron 4,2%, en línea con el nivel previo. El porcentaje de hogares que reconocen a una mujer como jefa es de 46,4%, un nivel estadísticamente igual al de 2024, lo que marca un freno en la tendencia creciente observada en los últimos años.

A los ojos del Dane, “este estancamiento se explica por el comportamiento en las cabeceras, donde la jefatura femenina pasó de 49,0% a 48,7%, mientras que en centros poblados y rural disperso aumentó 0,6 puntos porcentuales, al pasar de 37,7% a 38,4%”. El nuevo Congreso de la República, elegido en marzo pasado, debe empezar a revisar cómo enfrenta una agenda de desarrollo social bien distinta a la ejercida por sus antecesores.

La Colombia de hoy es diferente: más populosa, con más inmigrantes, menos pobre, pero, sobre todo, con casi 20 millones de hogares distintos a los de sus padres y abuelos. Las mascotas, los matrimonios del mismo sexo, la reducción de nacimientos y el aletargamiento de pueblos y veredas son temas necesarios en la agenda de los senadores y representantes. Un país de casi 54 millones de habitantes, con unos cinco millones de personas por fuera enviando remesas, es muy distinto al de antes de la pandemia, cuando nacían casi medio millón de niños al año y las oportunidades en el exterior mermaban la diáspora de nacionales en busca de nuevas opciones. Asuntos como el desempleo, la tasa de cambio, el crecimiento y el costo de vida son temas fundamentales que deben tener otra lectura y una hoja de ruta mucho más incluyente, basada en la foto de una nueva Colombia.

Las nueve o diez grandes regiones nacionales no deben tener las mismas fórmulas centralistas, y el reordenamiento de veredas, corregimientos, pueblos y hasta ciudades debe ser un imperativo para enfrentar las necesidades de este nuevo país que empieza a dibujarse hacia el futuro. En eso debería estar el Departamento Nacional de Planeación: diseñando soluciones y fórmulas para enfrentar esa Colombia que hoy empieza a retratar el Dane.

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