domingo, 13 de septiembre de 2020

Que más mujeres accedan a altos cargos de dirigencia empresarial tiene que dejar de ser noticia. La economía pospandémica debe abrirle espacios negados a las mujeres

EditorialLR

La pandemia y la crisis ocasionada por el coronavirus no puede dejar desapercibido que cada día más mujeres irrumpen en la alta dirección de las empresas. Qué mayor ejemplo que el nombramiento la semana pasada de Jane Fraser como la primera mujer en ocupar el cargo de CEO en Citigroup, un hecho que la catapultará también como la primera ejecutiva en dirigir un importante banco en Wall Street.

Lo mismo sucedió con Meredith Kopit Levien, a quien anunciaron a finales de julio como la nueva CEO de uno de los medios impresos más importantes de Estados Unidos: The New York Times. Esta decisión no solo la convirtió en la directiva más joven en ocupar el cargo de CEO en esa publicación, sino, también, en apenas la segunda mujer en llegar a ese puesto después de Janet Robinson (2004-2011).

Las señales siguen. El año pasado, una firma de renombre como lo es el banco JPMorgan preseleccionó a dos mujeres, Marianne Lake y Jennifer Piepszak, como posibles sucesoras del actual CEO, Jamie Dimon.

Este tema no solo puede ser noticia de las multinacionales o de las grandes corporaciones. Es una realidad que también debe avanzar en el ámbito local.

Colombia es de los países líderes en el tema. Según Kantar Ibope Media, 33,5% de los puestos gerenciales o directivos en nuestro país son ocupados por mujeres, esto es superior que el promedio mundial de mujeres en altos mandos empresariales, que hoy asciende a 29%.

El país también destaca frente a sus pares en la región, y basta una simple comparación: mientras que en Colombia, 27% de los CEO son mujeres, la misma proporción en Perú es de 19% y en México llega a 18%. Igualmente sucede con el dato de participación de mujeres en las juntas directivas, en el que el país está mejor parado a estas dos naciones latinoamericanas, aunque hay que hacer la salvedad de que no superamos la cifra de 35%.

No es un simple cliché o una frase de moda decir que las mujeres también deben ser líderes. Un análisis hecho por la Superintendencia de Sociedades midió el impacto financiero de tenerlas en las juntas directivas y la conclusión es evidente. Dentro de las 1.000 empresas que más venden en Colombia, las compañías que incorporan mujeres en la alta gerencia generaron $152 billones en ingresos totales para 2019. Esto es 21% más ($26,7 billones) que lo generado en 2018. Lo mismo ocurre con las ganancias, el año pasado este indicador sumó $10,4 billones, lo que representa 14% más ($1,3 billones) que lo registrado en 2018. Las cifras en activos y patrimonio son igualmente buenas. Las empresas que tienen presencia de mujeres en su junta directiva cuentan con $222,3 billones en activos (un crecimiento de 17,7% frente a 2018) y $128,9 billones en patrimonio (21,2% más vs. 2018).

De las 1.000 grandes compañías que operan en el país y presentaron sus balances ante la Supersociedades, 441 tienen ejecutivas en su junta directiva, una cifra que, aunque no está mal, puede mejorar considerablemente. En estos tiempos de “nueva normalidad”, donde el covid-19 nos obligó a desterrar muchos preceptos laborales, como el desprendimiento de las oficinas físicas, sería bueno que las mujeres ocupen los espacios que les han sido negados.

MÁS DE EDITORIAL

Editorial 27/01/2021 El verdadero costo que va dejando el covid

Las muertes que deja el virus solo impactan cuando llegan a familiares o a personas públicas, el verdadero costo se revela al desaparecer vidas con huellas y legados

Editorial 26/01/2021 En vacunación es mejor ser gregario que líder

En pocas semanas el país enfrenta uno de los retos más complejos en términos de logística médica que ha experimentado en su historia: la gran vacunación que pondrá a prueba a todos

Editorial 25/01/2021 Se acabó enero y las cosas no se enderezaron

Entramos en la última semana del primer mes del año y los toques de queda indiscriminados en las principales ciudades se convirtieron en el peor enemigo de la reactivación

MÁS EDITORIAL