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EDITORIAL Hay que creerse el cuento de la paz
sábado, 6 de agosto de 2016
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Los colombianos estamos a poco de encontrar un camino viable que cambie el cuento lastimero de vivir quejándonos de la guerrilla. 

Los colombianos estamos a muy poco de encontrar un camino viable que nos haga cambiar el cuento lastimero de vivir quejándonos de la guerrilla y del conflicto interno que no nos deja progresar ni tener un mínimo de bienestar. Las cifras lo demuestran con creces. Desde que empezaron los diálogos en La Habana con las Farc, el accionar de los delincuentes ha bajado a su mínima expresión en casi seis décadas; las muertes de soldados y policías han caído a cifras récord; los secuestros asociados a los grupos organizados son menores y poco a poco desaparecen de los municipios más golpeados los hostigamientos, los retenes masivos y la extorsión a los campesinos, otrora delitos amparados bajo la tétrica franquicia de las Farc.

Pero mientras las cifras lo demuestran en el sector rural y en las estadísticas de las fuerzas militares así lo corroboran, se desata en los medios de comunicación una guerra sin cuartel entre los políticos que han capturado el concepto de la paz. Unos, porque hicieron de esa palabra su caballo de batalla electoral; y los otros, porque tenían que articular un concepto político antagonista. Así las cosas, un grupo de centro derecha, asistido por el centro izquierda, pregona que los acuerdos de La Habana son el camino de un nuevo país en paz; mientras que otros de derecha y de ultra derecha se aferran a la idea que cualquier gesto de reconciliación es caer en las garras de un comunismo, que ciertamente no existe como tal en ningún país del mundo. Exceptuando casos como los de Corea del Norte y algunos rezagos que sobreviven en China y Cuba. Muchos se olvidan de que las sociedades manejadas por esta fórmula doctrinaria de gobernar fue liquidada al caer el muro de Berlín y el efecto dominó generado en las otrora repúblicas soviéticas. Y no es sino mirar el vecindario para darse cuenta que las ideas de socialismo o comunismo del siglo XXI mueren sin remedio al no haber alcanzado los mínimos de bienestar social que alguna vez pregonaron.

Por eso lograr un acuerdo de paz con las Farc es empezarle a apostar a la vía de la reconciliación nacional como camino de alcanzar el desarrollo. Pero el cuento de la paz (así sea en construcción permanente) hay que creérselo, practicarlo y construir sobre él. Es inverosímil que aún existan argumentos contrarios al diálogo como salida a la guerra; una idea desarrollada por la administración Santos desde hace seis años y respaldada por los principales líderes mundiales. Muchos no han entendido que el concepto de paz, y la palabra en sí misma, ha sido capturada para hacer política y precipitar una campaña presidencial en la que se enfrentarán, seguramente, quienes quieren pacificar al país a punta de diálogos sin armas y conversaciones, versus otros, que desean que las nuevas generaciones vivan con miedo. Creemos que a las Farc hay que llevarlas al enfrentamiento de ideas políticas y que abandonen las armas por siempre. Si esto no ocurre ahora, los más jóvenes tendrán que venir en unos años a volver a empezar.

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