martes, 23 de junio de 2020

Gran parte del problema de occidente es que vieron el covid-19 como algo temporal que viene y se va como todos los virus, pero la realidad demuestra todo lo contrario

EditorialLR

El covid-19 se parece mucho a la pólvora, nació en China, se modernizó en Europa y se adaptó a América para nunca irse, al menos eso es lo que parece a los ojos de la polémica Organización Mundial de la Salud, OMS, que como buena ave agorera acaba de confirmar algo de Perogrullo: que el epicentro de la pandemia es ahora América, región que a propósito se ha alienado con Estados Unidos en sus crudas críticas y acusaciones sobre la responsabilidad del organismo mundial en el origen del coronavirus.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo la semana pasada que la pandemia se está acelerando con más de 150.000 casos diarios, la mitad de ellos en la región, Una situación que parece no importarle mucho a los ciudadano del común quienes han tenido que soportar una cuarentena de más de 100 días y someterse a trabajar o estudiar desde su casa, en medio de todas las deficiencias y asimetrías que esta inédita situación le ha traído al mundo.

Esta sentencia de la OMS preocupa mucho, pues en América se adoptó la política del aislamiento casi al mismo tiempo que en Europa, es decir serán más largas las cuarentenas en el continente con el gran problema económico y social que de ello se desprende, dado que los países en desarrollo del vecindario necesitan recuperar cuanto antes su actividad económica para no profundizarse en la pobreza y seguir sacando más gente de la miseria, cosa que no se puede desde el encierro.

“Quédense en casa si se sienten enfermos. Siga cubriéndose la nariz y la boca cuando tosa. Use una mascarilla cuando sea apropiado. Siga limpiándose las manos. Seguimos pidiendo a todos los países que se centren en lo básico: encontrar, aislar, probar y cuidar cada caso. Rastreen y pongan en cuarentena cada contacto (...) los más vulnerables serán los que más sufran (...) Todos los países ricos y pobres tienen poblaciones que son vulnerables a un mayor riesgo de enfermedades graves y muerte”.

Más en América Latina en donde la inmensa mayoría de las personas tienen acceso limitado a una vivienda adecuada, agua, nutrición, saneamiento y servicios de salud.

En Europa no solo ya aprendieron a lidiar con el problema del virus, sino que ahora la normalidad es una realidad fruto de sus protocolos asimilados por la gente, mientras que en Colombia y el resto de América hay una percepción de incredulidad y de peligrosa “temporalidad”, es decir creer que el coronavirus es una moda pasajera originada en Asia puesta de moda en Europa y debilitada o casi muerta en nuestra región.

Como muchas otras enfermedades importadas del Viejo Continente, el covid-19 llegó para quedarse un buen tiempo, el necesario para poner en jaque la economía y desnudar la debilidad de los sistemas sanitarios. Pero lo que más ha evidenciado este problema es que las instituciones locales aún son muy débiles para sensibilizar a las personas; incluso existe la percepción muy extendida que todo hace parte de una gran conspiración que terminará muy pronto.

Hay que aceptar la existencia de un virus en el ambiente que ha dejado miles de muertos en Colombia y muchos contagiados y que llegó para quedarse hasta que el resto del mundo encuentre una solución que devuelva la confianza, pero para eso falta mucho tiempo.

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