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EDITORIAL

Hay que acelerar el proceso de La Habana

jueves, 9 de julio de 2015
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Devaluación del peso, plan contra cíclico y avance serio en el proceso de paz, son factores que le pueden devolver al país el optimismo económico.

“Con paz crecemos más”. Ese era el canto político de la contienda electoral de hace un año, que finalmente se impuso en las urnas, y estamos seguros que un país en paz es mucho más atractivo para los inversionistas que generarán empleo y crecimiento para todos, pero el mayor dividendo de un país sin conflicto debe venir de la mano del reordenamiento de las inversiones presupuestales. Recordemosque cerca de 6% del PIB se va en gastos de seguridad, un recurso escaso que debería ir mejor a financiar las necesidades sociales en educación y salud. Por eso, hoy volvemos a pedirle al Gobierno Nacional y las guerrillas que avancen con firmeza en la consecucióndel fin del conflicto que ha desangrado al país en las últimas seis décadas.

Ayer volvieron esos aromas de paz cuando el Secretariado de las Farc declaró un cese unilateral al fuego por escasos 30 días, un gesto bueno y con un mensaje contundente a los pesimistas y guerreristas, pero insuficiente en un país que está agotado de tantas charlas estériles e improductivas por la ausencia de pasos firmes en el camino de la solución al conflicto con esa obsoleta guerrilla. Han pasado más de 1000 días y no ha ocurrido nada contundente; se ha llegado lejos, tal vez como nunca antes, por no hay nada claro. No se puede desfallecer en esa ruta emprendida porque si fuera fácil acordar un fin de la guerra entre el Estado y la guerrilla, ya lo habríamos conseguido hace años. La guerra colombiana no se ve de la misma manera desde la ruralidad o desde las grandes capitales. Son las poblaciones más alejadas,los departamentos más descuidados y en donde más existe desigualdad donde se vive con dureza el conflicto.

Pedir aceleración o avances en los diálogos no es ser amigo de la guerrilla, es ser práctico y coherente con la terminación de los conflictos. Sabemos que la economía que mueve a la guerra y el miedo es muy dinámica y que ha generado una presencia muy sólida en la producción y las transacciones nacionales, pero eso es una anormalidad fruto de nuestro destino bélico. No es normal que tengamos que dedicarle millonarios recursos a una guerra costosa que genera muchas muertes, pero que se lleva una buena tajada de nuestra riqueza para los amos y señores de la guerra.

Los centros de investigación, la banca multilateral, las universidades y todos los especializados en el tema económico han revisado a la baja el crecimiento de la economía para este 2015, pasando de 3,8% a 3,2%, en promedio, una cifra que si bien es alta si se compara en el concierto internacional, sí puede verse afectada para el nuevo año si durante este segundo semestre se consiguen avances serios en el final del conflicto. Una noticia de esa magnitud, sumada al plan contra cíclico, más una revaluación del dólar, son un verdadero caldo de cultivo positivo que puede revertir y tirar al suelo el pesimismo que ha ido tomando posiciones en la sociedad.

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