jueves, 8 de octubre de 2015
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Es un imperativo para el ministerio de Agricultura ira más allá de la ejecución de presupuestos y marcar una agenda de largo plazo

Corren días de cambio en el país del eterno desorden público, al tiempo que se hace evidente un frenazo económico y la resurrección de la inflación a causa del alto costo de los alimentos, consecuencia de la devaluación y el Fenómeno del Niño. En este marco Fedesarrollo convocó a los más importantes expertos del sector agropecuario para que dieran sus puntos de vista sobre los avances de la Misión Rural y el reciente estudio de la Ocde sobre el agro.

Es la primera vez que el país agrario cuenta con una marco teórico o investigativo, por así denominarlo, robusto. Existe un Censo Rural, está en marcha la Misión Rural, que encabeza José Antonio Ocampo, exministro Agricultura y de Hacienda y reposa entre los anaqueles de la Federación de Cafeteros, la Misión Cafetera, dirigida por el excodirector del Banco de la República, Juan José Echavarría. Toda una batería de estudios que bien pueden servirle de base teórica al Ministerio de Agricultura en cabeza de Aurelio Iragorri, para que enfoque mejor sus decisiones de políticas públicas, pero sobre todo dirija acertadamente el presupuesto.

La eventual firma de un tratado de paz tiene un claro trasfondo rural por la sobre diagnosticada deuda histórica con el campo. La paz no es otra cosa que mayor avance de la inclusión social sin que eso implique políticas asistenciales. El segundo paso es la urgente inclusión productiva, pues de nada ha servido hasta ahora entregar hectáreas a comunidades que no las saben explotar.

El país agrario debe ayudar a solucionar los múltiples conflictos en el uso de la tierra: unas se usan para ganadería, pero su vocación es otra o también algunas de uso agrario deben ser utilizadas para conservación de aguas. Son muchos los problemas que se cocinan en el campo y aun carecemos de una fuerte institucionalidad que solucionen estos problemas. Está claro que la pobreza se ha reducido en términos generales, pero las brechas entre lo urbano y lo rural se han ampliado. Surge como una alternativa inaplazable el tema de la inclusión productiva, fundamental para que las comunidades beneficiadas puedan aportarle a la economía.

Los gremios del agro no pueden seguir peleando por más protección, pues Colombia está en el promedio de la Ocde. Ese no es el problema del sector agropecuario, el lío es que no hay acceso a los llamados bienes públicos. Es un imperativo para el Ministerio de Agricultura trabajar en la inclusión social, inclusión productiva, ruralidad competitiva, sostenibilidad ambiental, desarrollo con enfoque territorial y una reforma institucional. 

Hay que cambiar la foto del campo: la agricultura aporta en promedio 5% del PIB y el 17% del empleo, pero eso solo viene de 13 productos que son a su vez 76% del valor total de la producción. A gran escala solo se producen ocho cultivos: arroz, maíz, azúcar, café, aceite de palma, flores, bananos y plátanos, más cinco productos pecuarios: leche, carnes y huevos. Eso debe crecer.
 

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