viernes, 24 de julio de 2020

Se ve una luz al final del túnel con las vacunas en fase III de experimentación y los movimientos de la industria farmacéutica global, pero ojalá esto no convierta en una lucha darwiniana

EditorialLR

Al término del quinto mes de la pandemia se empieza a ver una luz de esperanza, tal como cuenta la mitología griega con la Caja de Pandora, que cuando se abrió y de ella emergieron todos los males que aquejan a la humanidad, lo último en salir fue la esperanza. Las movidas financieras de la industria farmacéutica mundial se han convertido en los últimos días en las auténticas “buenas nuevas” que esperaba la humanidad -sin exagerar- pues todos los países estaban sumidos en un ambiente apocalíptico que hacía perder el optimismo. De allí el dicho, “la esperanza es lo último que se pierde” y empresas como AstraZeneca, Moderna, Sinopharm, Pfizer y BioNTech se han encargado de demostrar que siempre la humanidad es más fuerte y por eso está en la cima de la selección natural y derrotará el temido covid-19 que sigue en su ronda de muerte y destrucción por todos los rincones del mundo.

Lo que no puede suceder es que esa selección natural que le permitirá a los científicos ganarle esta partida al coronavirus se traslade a una lucha entre países ricos versus pobres en la que los segundos no tengan ninguna posibilidad de triunfo o por lo menos un empate. Estados Unidos se retiró con un portazo de la Organización Mundial de la Salud y puso sobre la mesa US$1.900 millones para la firma de un acuerdo entre su Departamento de Salud y de Defensa y las farmacéuticas Pfizer y BioNTech, para asegurar cientos de millones de dosis de la vacuna para los estadounidenses. Una jugada que no es menor y puede desencadenar una puja sin escrúpulos por la vacuna, de tal manera que ganen los más poderosos; máxime en medio de un ambiente electoral por la Casa Blanca, que se puede convertir en una subasta de soluciones médicas a la peor crisis sanitaria en un siglo; eso sin contar con los beneficios que traerá el indudable rebote económico que marcará la época poscovid.

El primer llamado que hay que hacer es a que las farmacéuticas globales no se vendan al mejor postor y que vender caro a los más poderosos puede convertirse en éxito para hoy y crisis de reputación para mañana. Por eso insistimos en que no se puede permitir que la gran mayoría de la población mundial se quede sin vacuna, tal como sucedió con la gripe porcina de 2009. La iniciativa Vaccine Global Access o Covax, creada por Gavi, la alianza de vacunas de la Organización Mundial de la Salud y la Coalición para las Innovaciones de Preparación para Epidemias, es una plataforma que hay que respaldar como país con todos sus jugadores, tiene como objetivo distribuir al menos 2.000 millones de dosis de la vacuna para fines de 2021; una cruzada que el Gobierno Nacional ya empezó a respaldar, pero que le falta la fuerza para lograr que la geopolítica con todos sus efectos colaterales condenen a los más pobres a vivir en medio del coronavirus que aún está campeando en Latinoamérica. Ahora bien: la nueva normalidad debe dejarle enseñanzas a Colombia. La primera, es que tiene que jugar como país fuerte en los escenarios globales; segunda, que hay que invertir en un sistema de salud más robusto y confiable; tercero, que el sector farmacéutico es dorsal para la economía, debe ser protegido y desarrollado. Pero lo más importante hacerles entender a las multinacionales del sector que venden en Colombia que deben jugar pensando en el país, no solo en sus casas matrices.

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