lunes, 3 de octubre de 2016
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La jornada de ayer deja muchas enseñanzas, nos da grandes lecciones históricas, pero ante todo nos cubre con un gran manto de incertidumbre en lo político, lo económico y lo social.

La jornada de ayer deja muchas enseñanzas, nos da grandes lecciones históricas, pero ante todo nos cubre con un gran manto de incertidumbre en lo político, lo económico y lo social. El país económico debe enfrentar una situación crispada, donde la inflación empieza a descender, el dólar a estabilizarse por debajo de los $3.000, los precios del petróleo a subir y el desempleo a congelarse en un dígito. Pero tiene al frente el gran reto de la reforma tributaria estructural para no perder el grado de calificación de las compañías de riesgo y para cubrir las exigencias que la inversión social requiere. En lo social, el tema es más grave, pues el mensaje de desesperanza se toma los campos y ciudades sobre la eventualidad de volver a los grados de violencia de años pasados.

El tercer frente es el político, el más complicado y el más crispado. El país político ha quedado roto en dos grandes bandos del mismo tamaño: uno, al lado de los frustrados acuerdos de paz iniciados en La Habana; y dos, los vencedores que ganaron en su posición de reparos frente a lo acordado. Lo importante en este momento es tratar de unir esas dos colombias que han quedado al descubierto, no solo entre el sí y el no, sino en las distancias tan grandes entre el país rural y el país urbano. Llama la atención con preocupación que el sí a los acuerdos de paz propuestos por el Gobierno Nacional venciera con grandes diferencias en todos los pueblos azotados por el flagelo guerrillero, mientras que en las grandes ciudades capitales, el no superaba o igualaba a la postura afirmativo. Hay una brecha enorme entre el campo y la ciudad; hay una distancia que va más allá de las oportunidades o de la iniquidad en las regiones. Colombia es un país que camina ineludiblemente hacia una urbanización donde poco importa la opinión de los extramuros urbanos en las decisiones nacionales, un hecho que nos hace cada vez más parecidos a los países desarrollados donde las decisiones del centro determinan a la periferia. Esa es una de las mayores enseñanzas de la jornada de ayer.

Hoy más que nunca hay que desvanecer la incertidumbre que los resultados en el plebiscito de ayer generan a la economía. La hoja de ruta que el país ha tomado hacia la pacificación es un hecho ineludible sobre el cual se deben buscar mayores consensos. Justo cuando la economía empieza a mostrar otra tendencia, lo social y lo político se empieza a enredar y la desesperanza se toma todos los rincones. Es un momento que pone a prueba la grandeza de los políticos colombianos, quienes deben tender la mano de paz y reconciliación entre los dos bandos y no dejar caer unos acuerdos bien avanzados alcanzados a lo largo de cuatro años. Está claro que los 90 días que restan de este año serán determinantes de cara a las próximas elecciones presidenciales. 

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