martes, 20 de octubre de 2020

Cuando las necesidades de inversión afloran y los problemas se multiplican, no hay camino distinto que unirse en torno al crecimiento de la economía para salir adelante como país

EditorialLR

Las arcas del Estado no son inagotables y no se les puede cargar toda la inversión social insatisfecha durante décadas, hay que aumentar las fuentes de ingresos, la mejor manera es hacer que la economía crezca para que haya más recaudo y así disponer de más dinero para costear el rezago en salud, educación e infraestructura. Es una ecuación difícil de asimilar por estos días oscuros de protesta social con crisis sanitaria y económica que pinta una coyuntura bien enrarecida. El debate electoral se ha precipitado, los contagios oficiales de covid-19 alcanzan el millón de colombianos y la economía ha decrecido 15,5% a la luz de los resultados del primer semestre del año.

Son muchos problemas juntos que deben enfrentarse como país con todos sus actores y en todos los frentes, y el único camino cierto es contar con los recursos para financiar las necesidades insatisfechas. Hay dos maneras de hacerlo: reorganizando los impuestos para derramarlos en cada uno de los sectores más necesitados o endeudando al país por encima de sus posibilidades de pago a largo plazo. Lo único que no se puede hacer es quedarse quietos a esperar que las ideas populistas germinen sobre las necesidades y lleven al país a una irremediable “venezuelanización”. Antes de la pandemia, el Gobierno Nacional se había comprometido con el sector educativo, profesores y alumnos, para aumentar el presupuesto para sus instituciones, compromiso que se ha cumplido en un año extraño que aún no termina. Dichas promesas presupuestales se han mantenido el próximo 2021, como debe ser, pero las necesidades en otros frentes han crecido irremediablemente, como es el caso de la salud y la infraestructura de las telecomunicaciones.

Las consecuencias del covid-19 en la forma como se trabaja y las atenciones sanitarias de la población hacen que la administración central cambie la receta o su plan de desarrollo para enfrentar esos asuntos con eficacia y salir avante. Si a estos temas inéditos se le suman la atención al llamado posconflicto, la diáspora venezolana, la inversión en educación y ahora los coletazos del coronavirus, hacen que crecer la economía sea el único camino para salir adelante sin perder el control de los problemas. Y la economía solo crece si hay un pacto general para que eso suceda; una suerte de gran alianza por el crecimiento que involucre a los trabajadores, a los empresarios, al sector educativo, y por supuesto al Gobierno que debe poner su grano de arena en disminuir sus gastos de funcionamiento, cosa que no se ha visto hasta el momento, tales como eliminar entidades inoficiosas, reducir el dinero público que destinan en viáticos, gastos de representación y servicios que pueden sobrar en medio de la pandemia. El Gobierno Nacional ha tenido destellos de liderazgo en algunos momentos de su mandato, por ejemplo, en el tratamiento del problema venezolano, pero en explicar la difícil situación económica por la que atraviesan las arcas estatales no ha sido eficiente y hay grupos que creen que el dinero crece silvestre y que se obtiene en paros, marchas y protestas. Hay que hacer crecer la economía para generar empleos formales, pagar impuestos e invertir en las necesidades sociales, pero sobre todo para que todos los sectores entiendan que el modelo económico debe ser “todos ponen” en la medida de sus capacidades y alejarse del mantra de pedir, pedir y pedir sin aportar nada a la economía.