sábado, 1 de agosto de 2020

El Banco de la República redujo las tasas de interés hasta 2,25%, la más baja de la historia reciente, pero de nada vale si esa decisión macro no baja al bolsillo del consumidor

EditorialLR

Las cifras están dadas para dictar la sentencia: la economía colombiana atraviesa su momento de dinero más barato de la historia. La hipótesis busca comprobación basándose en que la inflación anual solo alcanza 2,19% y la tasa de intervención en el mercado del Banco de la República esté en 2,25%, dos variables que nunca se habían sincronizado en esos números. Pero siempre habrá analistas dispuestos a decir que esa sentencia tiene falencias porque el costo del dinero en un mercado está afectado por otros factores muy diversos relacionados a los márgenes de producción o venta; a los modos o formas de producción y hasta a los diferentes tipos de consumo. Todas visiones muy respetables que enriquecen la discusión y que hacen de la economía una ciencia social de militancias ideológicas, de profetas y discípulos. Al final, es el consumidor quien determinará si el costo del dinero está caro o barato dependiendo del momento de consumo.

Más allá de esas discusiones que producen ríos de tinta está la pura realidad y es que durante la pandemia la inflación o el costo de vida de los colombianos se ha reducido a sus máximos históricos porque no hay demanda de bienes y servicios, más allá de los básicos, y porque del lado de la oferta tampoco hay mucha actividad. Incluso lo que ha llevado a variaciones de precios negativas tiene que ver con que la cuarentena a eliminado los lugares de encuentro entre compradores y vendedores. El Índice de Precios al Consumidor del pasado mes de junio en varias ciudades fue negativo que de mantenerse puede recrear un peligroso escenario de deflación que no va a incentivar el necesario consumo que obliga a la actividad fabril a mover las industrias. Hay quienes defienden un mínimo de inflación como condimento para mover la economía y para generar apertura de mercados estáticos. Colombia aún no puede cantar victoria en términos de inflación, pero sí es necesaria la conciencia de que esta situación es coyuntural y derivada del covid-19.

Si el costo de vida en Colombia está muy bajo, quizá el más barato de su historia, lo mismo está ocurriendo con las tasas de interés que el Emisor les cobra a los bancos, porcentaje que sólo registra 2,25%, sólo seis décimas por encima del IPC anual de 2,19%. El problema a solucionar es que los bancos les transfieran a los cuentahabientes este dinero barato, pues de nada vale que los banqueros toman la decisión de invertir en el mercado secundario y no hacer ambiciosas campañas para que los emprendedores, empresarios y en general los consumidores se endeuden a tasas bajas. Es la Superfinanciera quien debe actuar como órgano rector del crédito y animar más al sistema financiero a convertirse en el motor de la recuperación económica con base en el costo históricamente bajo del dinero en Colombia.

Como todo, barato no quiere decir regalado, y es la oportunidad de bancarizar a 100% de la población para que una de las consecuencias de la pandemia sea la casi extinción del dinero efectivo por ser un portador de virus y el advenimiento del dinero digital como medio masivo de pago, pero para que todos tengan acceso a un producto financiero debe mediar un crédito, y si es barato mucho mejor. Las buenas circunstancias están servidas para que el país avance no solo en colocar más créditos, sino en bancarizar y hacer andar la economía.

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