jueves, 8 de agosto de 2013
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Le achacamos el rezago en infraestructura al Gobierno, pero los constructores tienen parte de la responsabilidad

Le achacamos el rezago en infraestructura al Gobierno, pero los constructores tienen parte de la responsabilidad
 
Es un comentario generalizado que de un tiempo para acá, unos 20 o 25 años, muchas firmas constructoras nacionales y extranjeras engrosaron sus nóminas de empleados  con abogados más que con ingenieros, porque su forma de ganar dinero cambió y se enfocaron en demandar al Estado, a pelear por adiciones presupuestales, a imponer tribunales de arbitramento, en fin, toda una suerte de argumentaciones jurídicas, pues los estrados judiciales eran más rentables que terminar las obras contratadas. El rezago en la infraestructura que vive el país hace dos o tres décadas, justamente se sincroniza con el nacimiento de esos defectos que no tenían los constructores de antaño que se ganaban las obras con honestidad, las hacían a tiempo y con buenos materiales, al punto que gran parte de la malla vial nacional data de los años setenta y alguna escasa de los ochenta.
 
Y no fueron solo empresas nacionales las que se especializaron en saquear las arcas del Estado, muchas extranjeras se ganaron jugosas licitaciones por su supuesta experiencia internacional y al final no hicieron nada. El caso más grotesco fue la concesión del Magdalena Medio, del tristemente célebre concesionario colombo-español, Commsa. Cómo no aprovechar para citar una vez más al Grupo Nule y a tantas firmas que se especializaron en dar ‘coimas’ a los funcionarios públicos para que éstos les dieran contratos y ellos no entregar nada, solo demandas justificadas en planos mal hechos, modelos de negocio insuficientes y otros argumentos peregrinos. Por todo lo anterior el país no tiene vías y muchas de las pocas que se han construido carecen de buenos materiales o especificaciones internacionales para que duren por muchos años.
 
En todos los municipios y ciudades colombianas hay obras mal hechas, incompletas y cualquier cantidad de demandas. Pero siempre les echamos la culpa a los gobiernos locales, regionales y nacionales, con un alto grado de razón, pero recordemos que delinque tanto el que paga comisiones para ganarse obras como quien las recibe. Ahora que los constructores celebran una década de su agremiación más exitosa, deben hacer una alto en el camino y mirar en qué se han equivocado y qué deben hacer para sanear a muchos de sus miembros que han quedado en deuda en cantidades de grandes obras.
 
La academia no está exenta de culpa. Bien decía un reconocido columnista por estos días que los ingenieros deberían volver al trabajo de campo, a los principios vitales de la matemática, el aparejamiento y a los laboratorios para trabajar en mejores prácticas, nuevas patentes, para que con innovación e ingenio compitan por las licitaciones. Es un momento muy interesante para que constructores se reconcilien con el país que paga impuestos.
 

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