sábado, 10 de octubre de 2020

Solo una docena de semanas nos separan de 2021 y aún no se sabe a ciencia cierta cómo cerrará 2020. Lo único cierto es que todo está en manos de cada individuo para una hoja de ruta clara

EditorialLR

“Octubre. Es uno de los meses especialmente peligrosos para la especulación de acciones. Otros meses de cuidado son julio, enero, septiembre, abril, noviembre, mayo, marzo, junio, diciembre, agosto y febrero.” Mark Twain.

El fin de año está muy cerca, solo quedan 12 semanas, 82 días, 1.968 horas, 118.080 minutos o unos siete millones de segundos. Como pocos años, este año bisiesto será recordado por en la historia por muchas cosas buenas que sucedieron, pero sin lugar a dudas todas derivadas de una mala gran noticia como fue el covid-19 aún en desarrollo y que obligó a todas las sociedades del mundo a cambiar sus hábitos tras su estela de muerte y destrucción sin discusión: más de 1,06 millones muertos en todo el mundo y 36,5 millones de contagiados en los distintos países; con un balance terrible para Colombia, 27.300 muertos y más de 886.000 contagiados.

Sí, aun faltan 12 semanas, una sensación similar a la que se siente cuando no se puede conciliar el sueño a las tres de la mañana y se es consciente de que todavía está lejos el amanecer. Lo único que podría cambiar las cosas para mejor es que las multinacionales farmacéuticas que trabajan en la vacuna griten el esperado ¡eureka! y comience la más ambiciosa operación a escala global de vacunación. De lo contrario, la calma chicha seguirá marcando el ambiente económico, muy a pesar de que las cifras son mucho mejores y que hay certeza de que lo peor sucedió entre abril y mayo cuando indudablemente se tocó fondo.

El fin de año siempre ha sido un gran aliado del consumo, no solo por las festividades de fin de año, sino porque el grueso de las empresas hacen sus cierres contables y proyectan los presupuestos para el año nuevo, de donde se desprende la mayor preocupación: ¿con qué cifras se arma 2021? ¿se mantendrá la devaluación del peso? ¿seguirán cayendo los precios de las materias primas? ¿los bancos centrales mantendrán tasas mínimas? ¿seguirá campante el endeudamiento externo? Todas son preguntas sin respuestas precisas que se verían de acuerdo a la dosis de optimismo o pesimismo de quien se atreve resolver esas inquietudes.

Las palabras clave de esta rara situación por la que avanza la economía no son muy distintas a las del primer trimestre: virus, pandemia, contagios, aislamiento, cuarentena, recesión, rebrote, cierre de año sin mejora, entre otras, todas atadas al hilo conductor de incertidumbre, la palabra más dañina para los presupuestos y los planes económicos de cara a estas últimas 12 semanas y a un año nuevo que amenaza con ser mejor, eso si la vacuna no tarda tanto y repara la confianza de todos los sectores económicos.

La recuperación no es segura mientras no se tenga una vacuna y tratamientos probos para atender a los millones de contagiados que se van sumando en todos los países, pues la pandemia ha servido para robustecer la infraestructura sanitaria de todos los pueblos y ciudades.

La gran enseñanza de este lento annun horribilis es que aún persisten en la sociedad situaciones que no se pueden tener bajo control y de difícil prevención que cuando coinciden pueden hacer cambiar como un cisne negro de Taleb los planes de grandes corporaciones y de países enteros. Ya lo decía Mark Twain, el desarrollo de la economía y las finanzas es inescrutable, no puede ser averiguado o comprendido sino con el paso de los días.

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