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EDITORIAL Charlas de alta gerencia de Chespirito
sábado, 29 de noviembre de 2014
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Pocos iconos de la cultura popular pueden analizarse como casos empresariales de éxito en un mundo globalizado. 

México paró abruptamente hace dos décadas de producir iconos del espectáculo regional de la talla de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito (1929-2014) y de Mario Moreno, Cantinflas (1911-1993) entre otros menos rutilantes en los medios de comunicación modernos. Para ahondar en lo sucedido pueden esculcar asuntos tan relevantes como los grandes procesos de globalización del entretenimiento o el giro radical al consumo mediático que ocasiona internet, pero pocos casos han sobrevivido tantas generaciones como los personajes creados por Chespirito como El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, La Chilindrina, El Chómpiras y otro resto de sobrenombres que se mantienen vivos en la cultura popular latinoamericana, las redes sociales y en nuestro entorno.

Ha muerto Roberto Gómez Bolaños, tal vez un nombre desconocido para las nuevas generaciones, pero ha dejado a su paso grandes personajes que le sobrevivirán en un mundo de consumo popular aupado por las redes sociales. Chespirito le ha enseñado a los empresarios latinoamericanos que hay que ser pan-regional. Fue la primera gran multilatina que cada año hacía recorridos multitudinarios por todos los países de habla hispana. Dejaba docenas de circos ambulantes con sus personajes exitosos, camisetas, música, videos, revistas y accesorios, que le sobrevivirán como una gran herencia empresarial. Una segunda lección empresarial del entorno del Chapulín y el Chavo es que no se necesitan grandes recursos ni producciones costosas para ser exitoso. Solo se necesita conocer las audiencias y cómo consumen el entretenimiento.

La tercera lección empresarial tiene que ver con la interpretación exacta del mercado. Tanto el Chavo como el Chapulín o el Dr. Chapatín, era una gran sátira a los pecados sociales de una Latinoamérica desigual. Un súper héroe que ridiculiza a Superman; un vecindario que abusa de los niños de la calle y un octogenario médico que nunca le solucionaba los asuntos médicos a los pacientes. A eso se suma una pandilla de ladrones instalados en un apartamento para hacer de las suyas, los famosos Cacos. Toda una radiografía social que se convirtió en un éxito económico por el simple hecho de saber interpretar el momento social y sus problemas.

Como suele suceder en estos casos hay opiniones encontradas y todas, mientras sean respetuosas, son aceptadas, pero solo miremos alrededor para que nos demos cuenta que hay muy poco en la actualidad que supere a la producción de ‘economía naranja’ del maestro Gómez Bolaños. Hay mucho en la red donde hacer una arqueología al entretenimiento y extractar más de un centenar de lecciones empresariales de un hombre que quiso parodiar a Shakespeare con su inmortal Chespirito.

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