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EDITORIAL

Calentamiento global: no solo es “mea culpa”

jueves, 10 de diciembre de 2015
La República Más
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Termina en París una cumbre climática más, sin mayores compromisos ni agendas claras, más allá de la foto de todos los mandatarios.

Termina la cumbre del clima en París, con asistencia de 180 jefes de Estado y la marca de dos gestos inéditos, así sea simbólicos, pero no por ello menos importantes: cada mandatario presenta sus compromisos para luchar contra el calentamiento y un segundo hito es que los dos países que más contaminan en el planeta, China y Estados Unidos, tienen, al menos en el papel el mismo propósito: que se suscriba un acuerdo ambicioso que deberá ser objeto de revisión cada cinco años. 

El calentamiento más allá de los grados centígrados, en los próximos 100 años, es una preocupación por las condiciones de vida de las nuevas generaciones y políticamente es rentable sumarse a ese propósito, en particular para quienes han mandado señales equivocadas, como las potencias aludidas que no se comprometieron con el acuerdo de Kioto de 1997 de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, con lo cual los dos países habían asumido un pasivo político y social que debían saldar. Ahora, proponen un acuerdo, pero sin definir un carácter vinculante, como sí lo han hecho otros como Francia, anfitrión de la cumbre, que ha planteado la transformación energética como una obligación moral; o la misma presidenta de Alemania, Angela Merkel, única potencia que ha hablado de ir hacia una economía totalmente verde.

Pero no hay que engañarse. Cualquier definición sobre el tema debe superar la tradicional barrera del “mea culpa” de los países desarrollados que no quieren exponer su poderío económico en aras del ambiente y más cuando las consecuencias de su decisión no la asumen ellos sino los pobres, que son los que menos contaminan, un desequilibrio de poder. 

El acuerdo de París que se firmará al final de la reunión pretende entregarle al Fondo Verde, como ya estaba previsto, los US$100.000 millones anuales a partir de 2020 para ayudar justamente a esos países más vulnerables. Y aunque nadie se opone a la solución, ya hay países con cartas marcadas que pueden poner en peligro la solución. Es el caso de India, cuya economía depende en gran parte del carbón. Pide compensaciones por sufrir una contaminación de la que apenas es responsable. Y China, el más contaminante, alega que la medición per cápita lo coloca por debajo de EE.UU. y de Europa.

París no es ciertamente la meta del mundo en material de cambio climático, sino más bien el comienzo de una gobernabilidad mundial en el tema que comparta propósitos de cooperación entre todos los países y más allá del dinero aportado, sin duda importante, la voluntad política será determinante. Al menos, así lo muestra la asistencia masiva que quedó en el testimonio fotográfico tomado el primer día y que podrán verla las nuevas generaciones para cuestionar o destacar la actitud de los gobernantes de hoy. El ambiente global, una asignatura pendiente.

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