miércoles, 19 de octubre de 2016
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El caso de las libranzas y Elite escribe un nuevo capítulo en la larga historia de estafas en Colombia que tienen que ver mucho con la atracción por el dinero fácil.

 

Si revisamos la historia reciente de los descalabros financieros más sonados encontraremos rápidamente tres casos muy representativos que encienden las alarmas sobre una práctica habitual entre los colombianos que consiste en buscar altos rendimientos para sus ahorros sin importar la naturaleza de los negocios. DMG, Interbolsa y Elite son las experiencias más agrias de miles de inversionistas que llevaron su dinero seducidos por altos rendimientos y cantos de sirenas de grandes beneficios económicos. Los tres casos tienen el hilo conductor de estafar a personas con dinero disponible para invertir, pero también tienen en común que eran negocios aparentemente legales a la vista de las autoridades quienes no lograron proteger el dinero de los inversores incautos atraídos por prácticas totalmente abiertas en el mercado colombiano.

Ni DMG, Interbolsa y Elite eran organizaciones clandestinas escondidas en el inframundo de los negocios turbios; eran negocios con oficinas a la vista de todos, que reclutaban clientes como cualquier otra empresa del sector financiero. Cabe aclarar que no fueron negocios parecidos, ni que el modus operandi fue el mismo, pues son actos delictivos totalmente diferentes, pero que coinciden en dos cosas: estafa a miles de colombianos y que fueron hechas a los ojos de las entidades de control y vigilancia. Lo delicado es que siempre hay una gran estafa a ingenuos inversionistas fraguándose en este momento, que se descubrirá en pocos meses o años, pero siempre se caerá por el peso de su acto delincuencial. Bien lo dijo Henry Paulson quien fuera secretario del Tesoro de Estados Unidos y miembro del Directorio de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional, durante la gran crisis de 2008: “no se trata de saber si va a haber otra crisis financiera, sino cuando va a ocurrir”. El punto es qué están haciendo las autoridades de control y vigilancia para dar garantías de que muchas de las ofertas de dinero fácil en el mercado están bajo la lupa.

El sistema financiero colombiano es sólido y una muestra de ello es que poco nos han golpeado las grandes crisis financieras internacionales, mientras que a otras economías similares las han devastado. Esa misma fortaleza no puede hacernos bajar la guardia ni disminuir la vigilancia justo en estos momentos de mucha alternativa de inversión underground en las redes sociales; modas que amenazan en convertirse en los “uberes” de los fondos de inversión y de la misma banca. La campeante cultura del dinero fácil de muchos colombianos es un caldo de cultivo de este tipo de negocios que con apariencia de legalidad terminan robando el dinero de los más ambiciosos. Para impedir esas situaciones debe estar el Estado atento a frenar todo tipo de negocios raros que no cumplan con los protocolos de seguridad que ha implementado el sistema financiero y que ahora debe pasarse a las nuevas tecnologías.

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