jueves, 30 de abril de 2020

Hoy se conocen las cifras de desempleados de marzo que seguramente llegarán a los 3,5 millones de personas, una tragedia que no debe dejarse crecer y que amerita un choque

EditorialLR

Nada más peligroso que una sociedad sin trabajo y sin poder salir a la calle para buscar el sustento de sus familias. Una sumatoria de situaciones nunca previstas y que podrían ser una realidad en pocas semanas cuando muchas empresas al borde la quiebra decidan hacer despidos masivos porque no tienen producción, comercialización ni consumidores en las calles. Es un cúmulo de tragedias económicas nunca vistas en el mundo y que no se pueden descartar al conocerse hoy que los desempleados a marzo suman unos 3,5 millones de colombianos, que pueden convertirse exponencialmente en muchos más cuando los porcentajes de desempleo de los meses venideros se tasen en 15% o 20% de una población en capacidad de laboral de cerca de 24 millones de personas. El negro nubarrón laboral que se cierne sobre Colombia no es exclusivo ni responsabilidad del Gobierno Nacional de turno, es fruto de una mezcla de factores que nadie había juntado antes porque obedecen a una realidad que supera la ficción. Para la Organización Internacional del Trabajo, OIT, una de las grandes consecuencias del covid-19 es que están en riesgo millones de empleos en todo el mundo y les pide a los gobiernos medidas coordinadas a gran escala para mantener la demanda y el empleo, dos peticiones que no conjugan con la directriz de continuar con férreas cuarentenas como única fórmula para mantener el letal virus lejos de las personas.

El organismo internacional laboral estima que en todos los países se perderán más de 300 millones de empleos formales al tiempo que unos 1.600 millones de trabajadores de la economía informal corren peligro inminente de ver desaparecer sus fuentes de sustento ligados a las aglomeraciones humanas, como consecuencia de estar encerrados en sus casas. El drama no puede ser mayor si se descuenta el miedo de las personas a contagiarse, recluirse en una clínica u hospital o simplemente perder su vida por buscar sustento.

El mayor socio comercial de Colombia, que es Estados Unidos, contrajo su Producto Interno Bruto 4,8%, situación que se refleja en que más de 26 millones de trabajadores han solicitado el subsidio por desempleo en las últimas cinco semanas, eso quiere decir una tasa de desempleo de 18% es muy distante del 4% que había sido la cifra rectora de los últimos años. Y si se hace el recorrido por países de la región se verá la misma realidad de angustia económica, un desempleo formal galopante y una preocupante informalización de las familias quienes están en pleno derecho de empezar a buscar medios de subsistencia impensables, realidad que solo se observaba en el modelo económico fallido de Venezuela y algunas economías de África meridional. Ahora que se asoma el fantasma del desempleo con gran intensidad es imperativo que el Congreso de la República de la mano del Gobierno Nacional apresuren una reforma laboral en solitario y de tipo express que habilite el trabajo por horas, las flexibilidad en la contratación y reduzca más los parafiscales como medidas urgentes para evitar que el desempleo en Colombia crezca de millón en millón y lance a la calle -en medio del coronavirus- a muchos colombianos que hasta hace pocas semanas contaban con un trabajo formal. No hay que esperar a que la situación empeore.

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