miércoles, 28 de agosto de 2019

El episodio de Avianca, en el que un accionista da información relevante a sus empleados, es una muestra de cómo no manejar mensajes cruciales para una empresa en rediseño

EditorialLR


La acción de Avianca en la Bolsa de Valores de Colombia llegó a sus mínimos históricos, luego de que fuera filtrado un video en el que presidente de la junta directiva, Roberto Kriete, desnudaba la situación financiera de la compañía y fuera enfático en decir que la empresa estaba en quiebra. Si fueron palabras “coloquiales”, necias, sacadas de contexto, no es asunto del mercado ni mucho menos de los accionistas o tenedores de papeles de la empresa, el daño está hecho y muchos inversionistas han perdido dinero, lo que quedará en manos de las oficinas de control y vigilancia del mercado de valores, pero queda la enseñanza de la importancia de saber manejar las comunicaciones internas y externas de una compañía tan emblemática para Colombia como es Avianca, que no solo controla 53,9% del transporte de pasajeros por avión, sino también 30% del flujo al exterior; para más señas, la otrora compañía colombiana -hoy domiciliada en Panamá y de socios mayoritarios centroamericanos y brasileños- posee 104 de los 219 aviones que cubren las rutas nacionales. A todas luces, es una empresa absolutamente estratégica para el mercado colombiano en el que transporta anualmente a más de 37 millones de usuarios. Sobra decir que cualquier cosa que suceda con la compañía trastorna o convulsiona al sector aeronáutico local. Uno de los retos que tiene el nuevo CEO, Anko Van der Werff, es sacar adelante la empresa para tranquilidad de los socios y accionistas, pero ante todo por el bien del país económico que aún no está preparado para un periodo de traumatismos en Avianca, tal como sucedía en otras épocas. El mercado de pasajeros aéreos de Colombia es importante en la región, al movilizar 37,7 millones anuales, solo en rutas domésticas atendidas por una docena de aerolíneas que han aprendido a competir en calidad y precios; para nadie es un secreto que este año los tiquetes aéreos no han subido de manera alarmante, tal y como venía sucediendo en años anteriores. Hay un claro reacomodo del mercado y de sus operadores, lo que requiere una Aeronáutica Civil atenta a los movimientos y al comportamiento del servicio, lo mismo que la Superintendencia de Industria y Comercio, en lo que tiene que ver con la defensa del consumidor.

Ahora bien, en lo que tiene que ver con la situación interna de Avianca, la pelea entre sus socios, la llegada de un gran inversionista y las pujas por la alta gerencia, debe ser atendida internamente como debe ser, sin perjuicios para su comunidad empresarial ni sus clientes. La enseñanza en cuerpo ajeno que deja este episodio que obligó a la empresa a dar explicaciones a través de la Superintendencia Financiera, como información relevante, es cuidar con extrema prudencia las comunicaciones estratégicas para la compañía, pues cualquier palabra coloquial puede ser interpretada en su sentido literal y hacerle daño a los inversionistas. Avianca tiene que eliminar rutas no rentables, al tiempo apurar un plan de transformación que se centra en el mejoramiento de indicadores, el ajuste de flota, la desinversión de activos estratégicos y optimización de gastos, todas estas acciones a la luz de sus inversionistas. La verdadera razón de preocupación para estos -los tenedores de sus bonos de dólares- es si aceptan la nueva oferta de bonos garantizados o no; asunto prioritario para las semanas venideras y que es el desenlace de los problemas financieros de la aerolínea.

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