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ANALISTAS Si eso es un estadista…
viernes, 12 de abril de 2013
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En febrero de 2009, el periodista Hollman Morris llegó a algún punto de la selva para cubrir la liberación de cuatro uniformados que estaban en poder de las Farc hacía varios años. Morris sabía dónde iba a ocurrir, a pesar de tratarse de una información secreta, y un asunto de seguridad nacional. No fue muy claro cómo consiguió el dato, pero lo indudable es que él solo utilizó la información para su trabajo periodístico, y que además no quiso reproducir las entrevistas con los tres policías y el soldado liberados porque le parecieron un poco ficticias, como si repitieran un libreto entregado por las Farc.

 
A Morris le llovieron críticas durísimas del Gobierno, del vicepresidente Santos, de su primo Juan Manuel, ministro de Defensa, y del propio Álvaro Uribe. Se armó el debate sobre la seguridad nacional, sobre la ética periodística y sobre el acceso a la información. Hasta hoy, Uribe sigue sugiriendo los eventuales nexos del reportero con las Farc.
 
El caso vuelve a la memoria luego de la extraña y malintencionada decisión del expresidente de divulgar el 6 de abril las coordenadas donde iban a ser recogidos en secreto los cabecillas de un frente de las Farc para ser trasladados a La Habana. Ante los cuestionamientos, él ha dicho que es algo sin trascendencia, y su abogado, Jaime Granados, ha recalcado que Uribe “no tiene obligación de guardar información reservada”, y que “actuó como un ciudadano cualquiera. Recibió una información confiable y la publicó”.
 
¿Y Morris no hizo lo mismo?
 
Que Uribe vocifere e insulte, inclusive en un estilo barriobajero al que no estaba acostumbrada la política nacional, no es tan grave; mucho menos que discrepe y haga oposición, aunque es inusual que un expresidente quiera hacerla casi todos los días. Lo verdaderamente grave es que por unos evidentes intereses personales, aunados a una enorme vanidad de creer que sin él Colombia se hunde, Uribe esté dispuesto realmente a hundir el país para sacarse el punto y continuar mandando.
 
En los últimos tres años ha habido varios episodios que revelan una ética muy dudosa en el expresidente, cuando no abiertamente opuesta a la que debería mostrar un estadista. Es la ética del todo se vale, de respetar la justicia y los fallos cuando convienen, y de jugar el juego descarado de hacer política sin hacerla, esto es soltar declaraciones al amparo de su condición de “simple ciudadano”, sembrar dudas y agitar las aguas.
 
Así, el 20 de noviembre de 2012, afirmó que Colombia debía desconocer el fallo de La Haya sobre el mar de San Andrés, a pesar de que dos años antes él mismo (y todos vimos las imágenes) le había dicho a Daniel Ortega que Colombia respetaría la sentencia de la Corte, fuera la que fuera. Es fácil enarbolar unos aires patrioteros cuando no se tiene la responsabilidad política directa.
 
En estos tres años, con excepción del caso de Santoyo extraditado, en el que hubiera tenido que enfrentarse a Estados Unidos, toda detención, fallo, decisión judicial contra alguno de sus altos funcionarios ha tenido el subsecuente manoteo, comunicado o tweet descalificando a la justicia, poniéndola en entredicho. No recuerdo un solo episodio en el cual Uribe no haya absuelto de antemano a sus muchachos, o haya asumido al menos la sensata posición de aguardar que la justicia investigara y demostrara. Todos son inocentes por su decisión personal.
 
El 4 de octubre de 2010 fueron destituidos Bernardo Moreno, Mario Aranguren y María del Pilar Hurtado por ‘las chuzadas’, y él acusó de “coacción” a la Procuraduría, y dijo que el presidente de la Corte estaba “prejuzgando”. Inclusive, avaló la posibilidad de que pidieran asilo político, como perseguidos; Hurtado lo logró el 6 de febrero del 2012, en Panamá. Que un exjefe de Estado divulgue ante el mundo una postura como ésta deslegitima por completo la institucionalidad de un país.
 
El 13 de febrero de 2012 volvió a lo mismo cuando aseguró que a Luis Carlos Restrepo, su comisionado de paz, lo estaban persiguiendo al dictarle orden de captura, y que era legítima su aspiración de asilarse en otro país. Restrepo sigue prófugo.
 
El 29 de julio de 2011 su ex ministro Andrés Felipe Arias terminó en la cárcel. “Reitero mi convicción en su transparencia. No robó”, dijo Uribe y habló de “politización de la justicia al impulso de presiones periodísticas”. Esta vez fue el magistrado Orlando Fierro el que tuvo que aguantarse su andanada.
 
Entre tanto, una porción de colombianos sigue creyendo que fue el mejor presidente de la historia, que hay todo un plan en la justicia para cobrarle los ocho años de servicios, que Santos es un traidor, y que está a un paso de entregarle el país a las Farc. Es tan absurda esta conspiración que pinta él de las Farc con las Cortes, con la oligarquía bogotana (encabezada por Santos), que no logro entender cómo hay quienes se la creen. Hay idiotas por ahí…