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ANALISTAS Promovamos una cultura cívica en nuestras ciudades
miércoles, 21 de enero de 2015
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Es preocupante que a pesar del incremento de la escolaridad promedio en nuestra población, cada día seamos testigos de actos que son manifestación de un actuar preconvencional, infantil, que revela deficiencias graves en la socialización básica y falta de la más mínima apropiación de una cultura cívica que nos permita unas condiciones mínimas para vivir en sociedad y proteger el hábitat, patrimonio de todos. 

Preocupa al caminar por el centro de nuestras principales ciudades, dentro de las que destaco a Bogotá, el nivel de basura en nuestros andenes, calles, lotes sin construir y otros espacios públicos, generado por una inadecuada disposición de estos residuos sólidos por establecimientos comerciales y familias, a la vez, que por la ofensiva costumbre de tirar al suelo papeles, botellas y elementos de desecho sin hacer el mínimo esfuerzo por buscar un recipiente para su adecuada disposición. Ciudadanos de todos los estratos, arrojan a la calle, desde automóviles particulares y buses, todo tipo de basuras como si ésta fuera el lugar natural de los mismos; estudiantes de educación básica, media y superior en sus cafeterías, aprenden a convivir con la basura, el desaseo y los desperdicios arrojados por ellos mismos como si esta situación fuera lo normal. 

Definitivamente estamos fallando todos los educadores, desde los padres de familia, donde se inicia la socialización primaria, los planteles de educación básica y media, las universidades y finalmente el Estado conductor de las políticas públicas. Da pena al llevar a visitantes europeos y de otros países con mayor desarrollo a algunos sitos de nuestras ciudades, el tener que caminar en medio de basuras y del desaseo y el abandono.

Nos hemos acostumbrado a un mundo altamente contaminado con los residuos generados por nosotros mismos sin pensar que esos basureros callejeros además de afear la ciudad y mostrar nuestra falta de cultura, son un caldo de cultivo de roedores y gérmenes que atentan contra la salud pública. Igualmente es preocupante que quienes son los encargados de recoger las basuras en muchos casos lo realizan de una manera tan poco técnica que terminan repartiendo parte de lo recogido por las calles y espacios públicos. Los habitantes de calle a quienes no hemos educado y los animales domésticos callejeros, contribuyen al problema al romper las bolsas de basura y regar mucho de este material de desecho alrededor de los sitos de disposición provisional de las bolsas de basura.  

Lo anterior nos lleva a la necesidad de diseñar programas integrales para concientizar a los ciudadanos, desde niños, de la importancia de una adecuada disposición de los residuos sólidos en los núcleos urbanos, de una adecuada educación desde la infancia en el respeto por el medio ambiente y por los congéneres, que no queremos ver convertidas nuestras ciudades en basureros crecientes y de la creación de una cultura del reciclaje que además de generar recursos para los grupos que laboran en esta actividad, permitan la utilización posterior de mucho material, produciendo dinero importante para la sociedad y evitando que al no de ser reutilizado siga contaminando por largos períodos de tiempo.  

Si los programas del Estado, no se apoyan en las entidades educativas y en especial en preescolares y centros de educación básica y media, no lograremos un cambio cultural positivo que evite convertir a nuestras ciudades en desagradables basureros. Los niños y los jóvenes con educación son los que deben cambiar esta situación.