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ANALISTAS Guerra de divisas
martes, 12 de marzo de 2013
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El Dr. Alberto Carrasquilla, exministro de hacienda, denominó el pasado 22 de enero en su columna de la Revista Dinero como “adolescencia monetaria” el afán de expansión monetaria de los gobiernos de Estados Unidos, Japón e Inglaterra. Con el perdón del  exministro, lo que está viviendo el mundo es en realidad una “guerra de divisas” que inició los Estados Unidos con su dólar y que advierte que la continúa hasta que sus niveles de desempleo desciendan hasta 6,5% comparativamente con el 8% actual. Como quien dice, primero el empleo y después lo demás.

 
En esta guerra también ya participa desde tiempo atrás la Comunidad Europea que también expande la emisión del Euro para salvar su sistema financiero al igual que países como China y Brasil. El primero, para gran disgusto de los americanos, se niega a revaluar su moneda. El segundo en cabeza de su señora presidente Dilma Rousseff  -quien  devaluó su moneda 30%-  y se enfrentó con Obama en una cumbre afirmando que su responsabilidad era el empleo de su país y no el empleo en los Estados Unidos. 
 
Esta confrontación entre el presidente de Estados Unidos y la del Brasil  es la prueba más patética  de la existencia de una guerra de divisas. En Brasil, aun habiendo aplicado los mecanismos necesarios para devaluar su moneda, se siguen afrontando problemas de competitividad para sus productos agrícolas. ¿Dónde estaría su economía si no hubiera devaluado?
 
Se le olvido al Dr. Carrasquilla que todos los anteriores países o comunidades como la europea que participan en la llamada guerra de divisas ejecutan a su vez medidas complementarias tales como drásticos recortes de gasto fiscal, control a las tasas de interés, control a la tasa de cambio de sus monedas -como es el caso de China-  entre otras, para buscar un equilibrio que permita mantener y mejorar el empleo y la misma economía en general al mismo tiempo que se controla la inflación.
 
Los países que no participan de esta guerra de divisas o que participando en ellas no aplican las medidas complementarias no es porque no hayan  superado la “adolescencia monetaria” sino porque persisten en su infancia feliz y pasarán a la historia incrementando las estadísticas de muertes en la infancia económica sin haber tenido la audacia de compartir la adolescencia monetaria de sus socios comerciales. Los adolescentes valientes siempre se quedan con las muchachas bonitas, en este caso con los mercados donde venden sus productos.
 
Colombia se ha declarado país neutral en la guerra de divisas y se atrinchera solitaria y aislada en una ortodoxia monetaria donde solo aplica a “cuenta gotas” un control a las tasas de interés.  Esta ortodoxia y el desinterés del Banco de la República y del Gobierno en asumir su responsabilidad en mantener el equilibrio de competitividad de la tasa de cambio le resultará caro,  muy caro. Más temprano que tarde, o mejor dicho, ya le está costando.
 
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Los cafeteros no están recibiendo un subsidio del Estado,  solo se les está devolviendo lo que han ahorrado durante 50 años al Fondo Nacional del Café,  “ahorro” que en promedio fue el   equivalente al 40% de sus ingresos. Simplemente, el gobierno asumió su responsabilidad por esos dineros que recibe y controla a través de su ministro de hacienda, quien con su  poder de veto en el Comité Nacional de Cafeteros, administra  el Fondo Nacional del Café.