viernes, 23 de agosto de 2013
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Como consecuencia de un exceso de demanda interna, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de Colombia se profundizó durante la última década. El desbalance se pudo financiar con un influjo de pasivos externos, sobre todo de inversión extranjera directa. Esta llegó con preponderancia al sector minero y de hidrocarburos. 
 
El superávit de este sector fue una importante fuente de financiación del déficit del resto de la economía en este período. La acumulación de pasivos fue de tal magnitud que incluso permitió acopiar un acervo de activos externos, incluyendo un abundante saldo de reservas internacionales. 
 
Su monto actual, complementado por el acceso inmediato a la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, FMI, luce suficiente para atender la demanda por divisas originada por un choque externo muy fuerte.
 
En el último lustro también aumentó el valor de los flujos de inversión extranjera de portafolio. La mayor proporción de estos recursos de corto plazo y del superávit minero y de hidrocarburos en la financiación del déficit en la cuenta corriente pueden constituir, de manera eventual, riesgos para la estabilidad macroeconómica en la coyuntura actual, por la fragilidad del entorno internacional. 
 
Aunque la brecha de sostenibilidad entre el déficit en la cuenta corriente observado y el óptimo no es amplia, en estas circunstancias puede incrementarse de manera repentina. Por una parte, una desaceleración mundial prolongada entraña el peligro de ocasionar un descenso en los precios de las materias primas y de reducir el superávit de ese sector. 
 
Por otra parte, una rápida normalización de la postura monetaria en los Estados Unidos, una ruptura del consenso sobre la política fiscal en ese país o un recrudecimiento de la crisis fiscal y financiera en Europa, plantean la amenaza de generar una fuga de capital. 
 
En ambos casos, el ajuste del déficit a la financiación externa disponible puede requerir una reducción de la demanda interna, que amenace desacelerar el crecimiento. 
 
Por fortuna las autoridades cuentan con un régimen de tasa de cambio flexible y con un cuantioso saldo de reservas internacionales para suavizar el ajuste originado por choques externos de esta naturaleza, lo cual les permitirá minimizar sus efectos perturbadores sobre la actividad económica y el empleo.
 
Desde el punto de vista de su sostenibilidad, es deseable que los sectores deficitarios por lo menos reduzcan su desbalance o que, en el mejor de los casos, algunos generen superávit. Para lograrlo se requiere mejorar su competitividad.
 
Con el propósito de afirmar la sostenibilidad de la cuenta corriente en el mediano  plazo es deseable que los sectores deficitarios reduzcan su desbalance o que algunos generen superávit. Para lograrlo se requiere mejorar su competitividad. Con este propósito es menester eliminar el rezago en infraestructura, mejorar la calidad de la educación, remover las trabas institucionales para la inversión privada -el incumplimiento de los contratos, la corrupción y el exceso de trámites- y las distorsiones regulatorias y normativas en los mercados de bienes y de factores. En el mercado laboral es imprescindible continuar desmontando los costos laborales no salariales. Con ello se puede reducir el costo del trabajo, lo cual genera una devaluación de la tasa de cambio real. 
 
En el mercado de servicios financieros todavía se necesita quitar los topes a las tasas de interés y desistir de la tentación de imponer controles de precios, que en lugar de ampliar la oferta generan desabastecimiento, excesos de demanda y exclusión.
 
La mayor competitividad de los sectores transables no se logra renunciando a ampliar el acceso a los mercados externos, al suspender la firma de tratados de libre comercio, sino aumentando la productividad de la economía.