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ANALISTAS El gas, futuro promisorio
sábado, 5 de abril de 2014
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El gas natural se ha convertido en una fuente de progreso y desarrollo para Colombia, no solo por la cantidad de población que es usuaria de este, sino también por el potencial de exploración y explotación que tiene dicho elemento noble de la naturaleza. 

Los más grandes campos de gas natural en el país son el de Ballenas en La Guajira, el de Cusiana en el Casanare y el de Gibraltar en el Norte de Santander, desde los cuales se han construido más de 7.000 kilómetros de gasoductos, en una red que transporta el gas y lo lleva a aproximadamente 25 millones de habitantes a lo largo y ancho de la geografía nacional. De estos usuarios que representan más de 50% de nuestros habitantes, aproximadamente 85% son de estratos socioeconómicos uno, dos y tres.

El gas también es usado por sectores que no son residenciales, como el comercial que, según informe de ‘Promigas’, cuenta con más de 127.000 usuarios, el industrial con casi 4.000 usuarios, el petroquímico, el termoeléctrico, y el sector del transporte, este último tiene aproximadamente 400.000 usuarios. Lo anterior refleja la trascendencia de asegurar la autosuficiencia futura del gas natural.

En la última década se ha avanzado de manera trascendente en el uso de este elemento que sustituye el uso de energía más costosa, como la derivada de las hidroeléctricas o de combustibles derivados de petróleo. A pesar de los avances en el uso del gas natural, no podemos perder de vista que la demanda en Colombia supera la oferta, de ahí la necesidad del estado de estimular una política de exploración y explotación de este gas. 

La masificación de la oferta de gas natural es fundamental, por el impacto socioeconómico que representa, ya que los más beneficiados con este propósito son las capas más pobres de la población colombiana. 

En reciente informe de la asociación colombiana de gas natural, publicado por este diario, se afirmó que: “Colombia está por vivir un boom gasífero”, gracias a la exploración de yacimientos no convencionales asociados al Shale gas o gas de esquistos que, se deben explorar en el magdalena medio y que podrían ser del orden de 10 terapiés.

En el mismo informe al que me refiero se afirma que la unidad de planeación minera energética (Upme) “estima que hay unos 7,5 terapiés de gas metano asociado a los mantos de carbón”, especialmente en las minas que explotan las compañías Drummond y Cerrejón, en el Cesar y La Guajira.

Si estas estimaciones son reales, como deben ser por la seriedad de las instituciones que lo afirman, estaríamos en el futuro cercano frente a un boom gasífero de grandes proporciones que, nos permitiría ampliar nuestra red de gasoductos para servir a la inmensa mayoría de la población colombiana, especialmente a los más pobres de las zonas urbanas y rurales. Además de convertirnos en autosuficientes, tendríamos gas para exportar a los países vecinos como Venezuela que, debe soportar cortes y racionamientos de energía a diario y que, no ha podido explorar sus campos de gas ni desarrollar una red de gasoductos, por el modelo económico populista que arruina su economía.

Panamá y los países centroamericanos son otros mercados potenciales para venderles gas.

En esta materia, el futuro se nos muestra promisorio y a pesar de los avances que hemos tenido, aún existe mucho por hacer para beneficio del país.