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ANALISTAS El abrazo del oso
viernes, 25 de julio de 2014
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Con bombos y platillos, el Gobierno Nacional anunció el respaldo del señor Vladimir Putin, presidente de Rusia, al proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana. Con grandes fotografías, aparecieron en algunos medios de comunicación el presidente Santos, y Putin ofreciendo su respaldo.

Putin, quien lleva más de una década en la cúspide del poder y fuera director de la temida KGB, es un hombre frío, no se atemoriza ante nada, así lo demostró cuando decidió, a pesar de las advertencias de profesionales expertos, utilizar un gas que mató 129 rehenes civiles y 39 terroristas que se habían tomado por asalto, el teatro Dubrovka de Moscú, el 23 de octubre de 2002.

Putin ha decidido proyectar una política expansionista al más puro ejemplo de la Unión Soviética y por eso pretende reconstruir la Urss y anexarse por la fuerza, territorios que antes pertenecían a la gran república soviética. Así lo hizo con la península de Crimea, parte de Ucrania desde 1954, en reacción a que los ucranianos decidieron mayoritariamente pertenecer a la Unión Europea, decisión desconocida por el depuesto presidente de Ucrania Víctor Yanukovich, aliado de Putin y quien debió ser destituido por el parlamento ucraniano.

El futuro europeo de Ucrania que conllevaría la protección de su territorio por parte de la Otan, ha causado la ira de Putin quien aspira a desmembrar el territorio de ese país, sublevando a los prorrusos que ahí viven, para forzar a su gobierno a negociar con los rebeldes separatistas una constitución federal que debilite el estado centralista y, en última instancia incorporar a las fronteras de Rusia territorios del oriente y del este ucranianos. La propuesta rusa conlleva a que se creen nuevas unidades federales de Ucrania, con voz y voto sobre “la dirección de la política exterior de ese país”. Esta disposición permitirá a Putin presionar y manipular a los habitantes y las autoridades de dichas regiones, para que veten el futuro europeo de Ucrania, país soberano reconocido como tal por los países del mundo, incluida Rusia. 

La anexión de Crimea a Rusia representa el golpe más duro a los intereses de Ucrania que se traducen entre otros efectos, en el fin del acuerdo por medio del cual Ucrania arrendaba la Base Naval de Sebastopol como sede de la Armada Rusa y sus 25.000 hombres, en el Mar Negro. Dicho alquiler obligaba al gobierno ruso a pagarle a su vecino US$4.000 millones al año. Las reservas estimadas que tiene Crimea en energía son de 165 millones de metros cúbicos de gas y 44 millones de toneladas de petróleo, aunque algunos analistas estiman que en yacimientos marinos sin explotar, las reservas de gas pueden llegar a superar los dos millones de metros cúbicos.

Lo anterior, sumado a la confiscación de los bienes públicos de Ucrania en Crimea, da la dimensión de lo que significa para ella la pérdida de su territorio, más aún si se tiene en cuenta la dependencia que ha tenido Ucrania del suministro de gas que proviene de Rusia.

En los últimos días los rebeldes prorrusos han derribado cuatro aviones de combate ucranianos; pero fue el derribamiento de un avión comercial de la aerolínea Malaysia Airlines que cruzaba el espacio aéreo de Ucrania, lo que causó el asombro y la indignación del mundo. El atentado terrorista que ocasionó la muerte de 298 pasajeros (193 holandeses), fue perpetrado con armamentos y técnicos rusos.

Mientras esto sucede, Putin trata de lavar su imagen, utilizando el Foro de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) realizado en Brasil, donde anunció la creación de un nuevo banco multilateral para ayudar a sus socios. Se ha dedicado también  a estrechar las relaciones con países de Centro y Sur América, como Venezuela, Nicaragua y Cuba y, a abrazar el proceso de paz de La Habana, con la complacencia del presidente Santos.