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En 2025, los discos de vinilo en Estados unidos rompieron la barrera de los US$1.000 millones, confirmando que el regreso del formato no solo es nostalgia
Todo vuelve. Y en la música, el regreso no llegó por un nuevo formato digital sino por uno que parecía condenado a la nostalgia. De acuerdo con la Recording Industry Association of America, Riaa, en 2025 las ventas de discos de vinilo en Estados Unidos superaron por primera vez desde 1983 la barrera de los US$1.000 millones, consolidando un fenómeno que ya no puede leerse como una moda pasajera, sino como un cambio cultural en la manera de consumir y comprar música.
Según los datos, el vinilo movió alrededor de US$1.040 millones en 2025, frente a los US$966 millones de 2024, mientras las ventas por unidades crecieron cerca de 7,9% hasta ubicarse entre 46,8 y 48,5 millones de discos. El repunte, además, marcó el decimonoveno año consecutivo de crecimiento del formato en EE.UU.
Sin embargo, esto no es del todo nuevo. En 2020, el vinilo ya había dado una señal clara de resurrección al superar en ingresos al CD por primera vez en 34 años: ese año generó US$232,1 millones en el primer semestre, frente a US$129,9 millones del disco compacto, y representó 62% de los ingresos de la música en soportes físicos.
Para Dyekman Rangel Flórez, director de la Fundación Sonido Periférico, más que un regreso absoluto, lo que hay es una recuperación de fuerza. “No creo que se haya ido, creo más bien que retomó fuerzas y presencia”, señala. A su juicio, el vinilo “siempre estuvo”, aunque fue quedando relegado con el auge del casete, el CD e internet, hasta el punto de que muchas personas terminaron regalando viejas colecciones familiares al creer que ya no tenían valor.

Pero el regreso del vinilo no se explica solo por la nostalgia ni por la supuesta superioridad de su sonido. Buena parte del impulso viene de consumidores jóvenes: las ventas de vinilos han crecido a una tasa media de 18% anual en los últimos cinco años y cerca de 60% de la generación Z afirma comprar discos. Más aún, alrededor de 40% de los compradores de discos en Estados Unidos no tiene tocadiscos, una señal clara de que el vinilo hoy también se compra como objeto cultural, decorativo y coleccionable.
Entre los jóvenes de la generación Z, 56% prefiere el vinilo por su estética y 37% lo usa como decoración del hogar. No se trata únicamente de escuchar música: se trata de exhibir gustos, construir identidad y materializar la relación con un artista en un objeto físico. Para Rangel Flórez, allí hay una dimensión simbólica clave: “el disco de vinilo también representa símbolos como la paciencia, el ritual y también lo exclusivo”.
Esa idea conecta con un consumo más pausado en medio de la inmediatez digital. “Es un momento para detenerse, para contemplar, es un respiro ante la agitación y premura del día a día”, dice. Y detalla que comprar un disco implica “esperar a que llegue, abrirlo, sentir el peso, limpiarlo, encender el tocadisco, posar la aguja sobre el surco”, y luego simplemente escuchar. En su lectura, el valor del vinilo no está solo en el objeto, sino en la experiencia completa que lo rodea.
Artistas como Taylor Swift fueron decisivos para llevar el vinilo a este nuevo techo. Su álbum, ‘The Life of a Showgirl’, vendió alrededor de 1,6 millones de copias en vinilo solo en 2025, más de cinco veces que cualquier otro lanzamiento, y se apoyó en una maquinaria de coleccionismo: ocho variantes en vinilo, once versiones en CD, varias ediciones digitales y hasta un casete.
Para el director de la Fundación Sonido Periférico, además, el boom del vinilo no puede reducirse a nostalgia. “Quizás la nostalgia, si bien es poderosa, no creo que sea el combustible para tener un disco”, cuenta. Su argumento es simple: muchos de los nuevos compradores ni siquiera crecieron en la época fuerte del formato. “¿Cómo explicas que hoy un joven de 16 o 18 años, que nació y creció en el momento más débil y casi inexistente del vinilo, hoy esté comprando y coleccionando discos?”, plantea.
El comportamiento de compra también revela un mercado menos impulsivo de lo que parece. El precio promedio de un vinilo nuevo ronda los US$33, aunque las ediciones limitadas pueden llegar a US$70.
En paralelo, el mercado de segunda mano ofrece oportunidades: según Discogs, un disco en perfecto estado se vende en promedio por US$15, cerca de 45% menos que el precio minorista. Eso convierte al vinilo en un bien que circula y se valora como parte de una economía cultural. En una era en la que casi todo se escucha, pero poco se posee, el disco vuelve a girar como prueba material de que todavía hay quienes quieren no solo oír una canción, sino tenerla.
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