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En 1764, el Rey Luis XV de Francia autorizó la fundación de una fábrica de vidrio en una localidad llamada Baccarat. Durante sus primeros años, fabricó espejos y vidrios comunes. Y en el siglo XIX logró posicionarse como la cristalería más codiciada de Europa
Seguro ha escuchado hablar del Baccarat Rouge 540, un perfume de lujo que obsesionó a muchas mujeres, pero lo que pocos saben es que la marca detrás de este aroma no nació haciendo fragancias, sino cristales para ventanas. En 1764, el Rey Luis XV de Francia autorizó la fundación de una fábrica de vidrio en una localidad llamada Baccarat. Durante sus primeros años, para poder sobrevivir, no hacían las copas que hoy conocemos, sino que fabricaban espejos y vidrios comunes. Fue hasta el siglo XIX que lograron posicionarse como la cristalería más codiciada de Europa, en parte gracias a un descubrimiento de sus artesanos: añadir óxido de níquel a sus mezclas para lograr una transparencia casi perfecta que el cristal terminado parecía agua congelada.
El prestigio mundial de Baccarat llegó cuando lograron dominar un color específico: un rojo escarlata que hoy es el sello de la casa de lujo. La técnica para lograr este tono se podría describir como una locura artesanal, porque los maestros vidrieros deben tomar el cristal transparente fundido y mezclarlo lentamente con polvo de oro puro de 24 quilates. ¿Cuál es el truco? Para que el polvo de oro y el cristal reaccionen químicamente y nazca ese tono de rojo, los hornos de la fábrica tienen que alcanzar una temperatura exacta de 540 grados Celsius.
Así es, el nombre del perfume Baccarat Rouge 540 es la receta térmica de su cristal más icónico. Y todo cobró sentido en 2014, cuando Baccarat, buscando celebrar sus 250 años de historia empresarial, se alió con el maestro perfumista Francis Kurkdjian. Él no quería crear un aroma que "oliera a vidrio", sino traducir esa alquimia del cristal rojo en una experiencia sensorial. Para lograrlo, mezcló notas de azafrán, jazmín y ámbar gris, y diseñó una fragancia que muchos describen como caliente al contacto con la piel, para imitar la energía que se libera cuando el oro se funde con el vidrio a 540 grados. Incluso, la misma botella del perfume da pistas de esta relación con sus imágenes de lámparas Baccarat.
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