Quino recibió distinciones como la Encomienda de Isabel la Católica de España y el premio Príncipe de Asturias a la comunicación

Lilian Mariño Espinosa - lmarino@larepublica.com.co

Miles de personas se despidieron ayer de Joaquín Lavado, más conocido como Quino, compartiendo publicaciones de Mafalda, el popular personaje que vio la luz por primera vez en septiembre de 1964 y que en 56 años de vida fue traducido a 30 idiomas, convirtiéndolo en el humorista gráfico argentino más importante del mundo.

Artistas cercanos e ilustradores también compartieron historietas de despedida para quien es considerado la pluma crítica de los 60, por "iluminar las primeras reflexiones sobre la sociedad y la política en una época de efervescencia a nivel nacional y mundial, trascendiendo generaciones, países y culturas gracias a su humor ácido e incluso cínico a través del cual ahondaba en la miseria de la condición humana así como en el absurdo de la burocracia y el estatus quo", destacaron en el Diario Argentino Cronista.

La primera publicación regular de Mafalda fue en la revista Primera Plana, años después de que Quino hubiese iniciado su carrera como historietista.
Lavado nació el 17 de agosto de 1932 en Mendoza y según su biografía, el amor por el arte gráfico lo heredó de su tío Joaquín Tejón. Pese a que se inscribió en la Escuela de Bellas Artes en Mendoza a los 13 años, su carrera en arte la inició a los 18, tras abandonar la institución.

El inicio de Quino no fue fácil y según su autobiografía, “pasó años de penurias económicas antes de ver su sueño hecho realidad”; su debut llegó solo hasta 1954 cuando publicó su primera tira en un semanario.

Sobre la serie que lo hizo famoso, esta nació cuando lo contrataron para crear un personaje para Mansfield, una empresa de electrodomésticos. La campaña se canceló, pero los dibujos los publicó en Leoplán, desde ese momento su popularidad no paró y después de ser publicada por El Mundo, entre 1965 y 1967, Italia, España y Portugal compraron los primeros derechos de publicación.

Quino explicó su inspiración como “un conflicto, una contradicción. A uno de chico le enseñan una cantidad de cosas que no deben hacerse, pero resulta que cuando uno abre los diarios los adultos perpetran todas esas cosas prohibidas. Ahí está la contradicción”, señaló.