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AMBIENTE Infraestructura tecnoambiental, posible solución para Doña Juana
viernes, 15 de septiembre de 2017

Más de 60% de los rellenos tienen una capacidad menor a 10 años

María Carolina Romero Pereira

La capacidad del Relleno Sanitario de Doña Juana (Rsdj) tiene a la ciudad una vez más en apuros, con el riesgo de no poder disponer adecuadamente los residuos de más de ocho millones de ciudadanos.

Éste no es un problema que afronte sólo Bogotá; en Colombia se estima que más de 60% de los rellenos sanitarios tienen una capacidad menor a 10 años.

Con una población creciente que cada vez accede a más recursos, en una era de tecnologías en la que los productos comercializados son rápidamente desechados, es previsible que las preocupaciones asociadas a la capacidad de los rellenos sanitarios persistan, a menos que se cambie el enfoque de gestión.

La composición típica de los residuos sólidos municipales en las ciudades es 60% orgánicos y 25% reciclables, lo que significa que el verdadero reto no es seguir ampliando la capacidad de los rellenos sanitarios, sino buscar la forma de minimizar la cantidad de residuos que reciben. Esto sólo se puede lograr mediante la reducción en la fuente (optimización de los procesos productivos y disminución de empaques) y del aprovechamiento de los residuos orgánicos y reciclables.

En Bogotá, más de 80 % de los residuos que se generan se llevan al relleno sanitario. En países como Suiza, Bélgica, Alemania y Holanda esta cifra no alcanza el 5 %. Es decir, más de 95 % de los residuos que se generan en estos países son procesados y reincorporados a la cadena productiva.

Si bien el programa Basura Cero en Bogotá y, en general, los planes de gestión integral de residuos sólidos (Pgirs) contemplan este enfoque, los avances no son suficientes y es urgente pasar de las intenciones plasmadas en estos planes a la ejecución. El hecho de que la mayoría de los residuos sólidos sigan llegando a rellenos sanitarios se debe principalmente a que las soluciones de recuperación de valor suelen ser más costosas frente a las de disposición final.

No obstante, al analizar el problema desde un enfoque holístico, recuperar valor de los residuos resulta más eficiente que desecharlos en un sistema lineal de extracción, uso y disposición: por cada tonelada de residuo que no se desecha, una tonelada de materia prima también deja de ser extraída. Tal enfoque resulta fundamental en el sector de la construcción, que a escala global representa 40% en la extracción de materias primas y también de los residuos generados. En Bogotá, esto significa un problema de más de 700 toneladas diarias de escombros que terminan en los andenes y zonas verdes de la ciudad, ya que no son recibidos en las escombreras por estar combinados con residuos ordinarios, ni deben llegar al Rsdj por contener escombros.

Resulta primordial, entonces, reconocer que el tradicional esquema lineal de consumo en el que se extraen materias primas para generar nuevos productos que pronto se desechan- no es sostenible. Al aplicar los principios de lo que hoy se conoce como economía circular, los residuos pueden dejar de ser vistos como desechos y pasar a ser reconocidos como insumos por el potencial de transformarlos en materias primas. Con este enfoque, los residuos no deberían ser el problema del que la sociedad no se quiere encargar, sino insumos con un valor reconocido, que pueden ser reincorporados a la economía; ésta es la clave para viabilizar las soluciones encaminadas al procesamiento de residuos orgánicos y al reciclaje.

Ahora bien, encontrar soluciones factibles en el contexto de un país en vía de desarrollo requiere ingenio y tecnologías de bajo costo. En Colombia hay ejemplos de sobra de iniciativas de emprendimiento, incluyendo una empresa que fabrica ladrillos con plástico reciclado o ciudades como Medellín, donde se está probando un piloto de recompensas por reciclaje, para que los pasajeros paguen los pasajes del metro con botellas de plástico.